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martes, 22 de septiembre de 2009

La pelota no entra por azar

Eso es lo que nos dice en su libro el ex-directivo del Barça, Ferrán Soriano. Y les aseguro que, después de que devoren las casi trescientas páginas (no se asusten, que la letra es bastante grande) de las que consta la obra del señor Soriano, acabarán dándose cuenta de cuanta verdad encierran esas palabras.

"La pelota no entra por azar" es un amenísimo manual de management empresarial en la que, con el hilo argumental real de la entrada de una nueva e innovadora directiva, en cabezada por Joan Laporta, en la gestión del histórico FC Barcelona, se nos van explicando algunos conceptos claves de la moderna dirección empresarial: planificación, liderazgo, recursos humanos, negociaciones, innovación, etc, etc.

Obviamente, se trata de un manual básico orientado especialmente a los, como en mi caso, no instruidos en la dirección y administración de empresas, que lo encontrarán enriquecedor pero, a la vez, tremendamente ameno, gracias a sus constantes y reconocibles ejemplos futbolísticos.

Háganme caso, nos hallamos ante un libro absolutamente recomendable y que todos haríamos bien en leer, ya que sus directrices son perfectamente aplicables a cualquier ámbito de nuestras vidas, mucho más allá de las actividades de carácter meramente empresarial o deportivo. Si desean más información o, directamente, adquirir uno de sus ejemplares, visiten su interesante página web, y podrán matar (o hacer nacer) su gusanillo leyendo de manera gratuita las primeras páginas de este magnífico "La pelota no entra por azar".

lunes, 22 de junio de 2009

La historia del peor equipo de fútbol alevín de todos los tiempos

Qué mejor que leer un divertido libro para refrescar estos asfixiantes y primerizos días de verano. Así que para dar ejemplo, ayer me bajé a la playa la primera novela del irreverente escritor (y blogger) escocés Alan Black, titulada "Kick the balls" o en cristiano, "patead los balones" (o las pelotas, pues va con doble sentido). No pude haber elegido mejor, creánme. No vean las risotadas que me eché durante la arenosa lectura de sus doscientas cincuenta y pico páginas.

El libro cuenta la historia del propio autor, un atormentado escocés emigrado a California, y que tras unos años viviendo en el centro de San Francisco, se muda a un barrio residencial en las afueras de la ciudad. Para integrarse en su nueva vecindad, Alan decide convertirse en el segundo entrenador del equipo de fútbol alevín de su barriada, los Dragones, equipo formado por jugadores tan destacados, entre otros, como "el niño que se podía llamar, o no, Ashley", Sam, también conocido como "el atontado que necesita pilas nuevas", o Jonathan, alias "la planta en una maceta". Naturalmente, el equipo es un desastre, y lo mismo sucede con el proceso adaptativo del rudo y básico entrenador Black a la esnob sociedad suburbanita americana. Ello da lugar a un sinfín de situaciones divertidas en las que el autor compara satíricamente exagerados episodios futbolísticos de su azarosa infancia en el país de las gaitas, con la superprotectora atmósfera en la que desarrollan sus primeros contactos con el mundo del fútbol (y con el real) los niños de la actual generación.


La verdad es que no es difícil sentirse identificado con lo que el autor cuenta. Cualquiera de ustedes que haya sobrepasado la treintena, y que haya practicado fútbol en sus años mozos, seguro que reconocerán muchas de las situaciones que se nos narran. Y, si como el segundo entrenador Black, y yo mismo, continúan ligados al fútbol base, ya ni les cuento.

Lo único malo que le encontré a esta novela es que sólo está disponible en inglés, creo. Pero bueno, nada que no se pueda solucionar teniendo a mano una buena edición del "Collins". Y si ustedes ya no necesitan de diccionarios, harían bien en escuchar este hilarante episodio del libro que encontré en la red social literaria dublit.com, titulado "The german helmet haircut", en el que el autor nos cuenta sus desventuras con un peluquero de su infancia en Escocia, especialista en cortes de pelo a lo nazi. ¿Verdad que les suena?



miércoles, 29 de abril de 2009

Fútbol y estudios

No son dos conceptos que se presenten habitualmente unidos, pero espero que esta entrada sirva para desmentir, al menos en parte, el tópico de que el balón a cuadros no casa bien con los codos y los libros de texto. Y para empezar, vean que pedazo de tocho pelotero estoy leyendo:

Bueno, ya sé que la foto es pequeña, pero créanme que se trata de un manual enormemente extenso y árido. Se titula "Futebol: Concepção e organização de 1100 exercícios específicos de treino", escrito por el técnico portugués Jorge Castelo (más info, aquí), y cuenta con casi 1000 enriquecedoras páginas dedicadas al tema del entrenamiento futbolístico. Siento no poderles contar más sobre este libro-biblia pero es que ni siquiera he acabado de pelearme con su primer centenar de propuestas.

Otro ejemplo de que lo académico y lo balompédico tienen más relación de lo que parece, es el "Máster profesional en fútbol" organizado por el Centro de estudios superiores de fútbol (CESFUTBOL), postgrado del que se acaban de convocar plazas para su edición 2009-10. Este curso está avalado y reconocido académicamente por la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Murcia, y cuenta con un profesorado de lujo, incluyendo numerosos entrenadores de élite (M.A. Lotina, Irureta, Juanma Lillo, Eusebio Sacristán, etc, etc). Lamentablemente para inscribirse hace falta estar en posesión del título de entrenador fútbol nivel III (o la maestría del INEF en este deporte), disponer de 4000 euros y del suficiente tiempo libre para poder acudir a las clases presenciales que se desarrollarán en Valladolid.

Yo no cumplo ninguno de estos requisitos, ¡qué le voy a hacer!, pero como sé que muchos de ustedes sí son gente de fútbol ilustrada y con posibles, les dejo aquí un pdf con mucha más información, plan de estudios incluido, acerca de esta tercera edición del prestigioso máster CESFUTBOL.


lunes, 13 de abril de 2009

Futbol aposicional: sistema v.e.t.

Visión, espacio y tiempo. Eso es lo que significan las iniciales v.e.t. Fue precisamente la alusión que en su reseña se hacía a la gran importancia de estos conceptos en el fútbol, lo que me impulsó a adquirir (y a leer inmediatamente) este antiguo libro, tristemente arrinconado en una modesta tienda de objetos usados. Comprueben aquí como no es, en absoluto, nuevo este interés mío por los asuntos espacio-temporales.

El sistema v.e.t. fue creado por Vicente Agraz (lamento no poder aportar información fiable alguna acerca del autor) en los primeros años 70, y su plasmación en papel obtuvo el prestigioso premio Herakles, entiendo que más por su originalidad que por la rigurosidad de su contenido. Lo cual no deja de tener su mérito, ya que no debía de resultar nada fácil en 1972 renegar públicamente (como veremos) de todas las ideas y concepciones futbolísticas preponderantes hasta ese momento, y conseguir un galardón universitario en vez de una camisa de fuerza. Y eso es exactamente lo que se atrevió a postular Vicente Agraz. Con dos cojo...

En las imágenes diseminadas por esta entrada pueden observar (sólo a modo de curiosidad) algunos esquemas sobre el v.e.t. extraídos del propio libro. El primero de ellos refleja la división de los jugadores en dos grupos bien diferenciados, el base (ofensor o resistente, según quien posea el balón) y el protector (o linea principal de resistencia de cada equipo). El resto de diagramas, como explican sus respectivas leyendas, se corresponden con las diferentes zonas o espacios de juego.

Naturalmente, no pretendo que se aprendan esta curiosa (inocente, incluso) terminología del autor, ni que se compren o lean el libro (aunque si lo encuentran, no estaría de más) con la intención de poner en práctica el método descrito. No, quédense más con el espíritu que con sus formas, porque el paso de los años las ha superado y convertido en obsoletas. Pero los que sí se cumplieron y están todavía plenamente vigentes, son muchos de sus conceptos más generales. Se los resumo en cinco sencillos puntos que creo que les pueden ser de notable utilidad:

1-Preminencia del grupo sobre el jugador.
2-Sustitución del marcaje individual por el zonal (no tal y como lo conocemos, pero zonal, en todo caso).
3-Importancia máxima del proceso decisional, determinado principalmente por la capacidad perceptiva espacio-temporal, y los conocimientos del juego colectivo del futbolista.
4-Búsqueda de la victoria a través de la superación absoluta del adversario. No sirve ganar de cualquier manera, se debe derrotar al contrario en todos las facetas del juego, para evitar que factores exógenos como la suerte, lesiones, sanciones o los arbitrajes adquieran un papel relevante que no merecen, y, sobre todo, para casi garantizar que las victorias lleguen con asiduidad.

5-Por último, y quizá sea éste el punto más significativo, primacía de la inteligencia sobre las capacidades físicas. Se consiguen así jugadores polivalentes, que no necesitan instalarse en una posición concreta para poder conocer sus funciones. Su saber (también en el sentido de "know how") futbolístico debe llegar a un grado tal que les permita desempeñar correctamente cualquier cometido sobre el campo y, siempre, en el momento espacio-temporal más adecuado.

Pues hasta aquí puedo leer. Si les ha interesado el tema, háganmelo saber con sus comentarios. Quizá logren que me anime a digitalizar íntegramente este viejo manual y así poder compartirlo con todos ustedes.


viernes, 20 de febrero de 2009

Decíamos ayer

Con esta expresión reinició sus clases universitarias el poeta del XVI, Fray Luis de León. Yo, aunque afortunadamente no he estado, como él, todo este largo tiempo de ausencia en las nada caritativas manos de la Santa Inquisición, se la tomo prestada y procedo, con total naturalidad, a mi reincorporación a esta bitácora.

Una de las novedades que me han llamado más la atención en esta etapa de retiro, ha sido el proceso de consolidación del reproductor portátil de libros electrónicos. Me estoy refiriendo al lanzamiento de la nueva versión del famoso Kindle de Amazon. Vean:


Como se habrán percatado, en cuanto consigan hacerlo flexible y que soporte el café hirviendo derramado, se comerá con patatas al libro tradicional. Bueno, también tendrán que bajar lo bastante de precio ya que todavía ronda los 300 €. Así que lío habemus con las pequeñas librerías, las editoriales y las sociedades gestoras de derechos de autor. Porque por cada descarga de pago con la que llenarlo, se harán otras cuarenta más por la jeta. Que la gente en internet somos así de espléndidos.. Tiempo al tiempo, ¿qué se apuestan?.

Pero mientras este inexorable suceso se va desarrollando, yo prefiero continuar leyendo, a la manera clásica, versos tan bellos y sabios como los que les transcribo a continuación, y que, no podía ser de otra manera, fueron escritos por mi hoy homenajeado Fray Luis de León:

"Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo."

sábado, 9 de agosto de 2008

Alicia en el país de Tim Burton

Estaba claro que era sólo una cuestión de tiempo que el peculiar director californiano Tim Burton se decidiese a rodar su propia adaptación cinematográfica del fantástico cuento ¿infantil?, "Alicia en el país de las maravillas" (Alice's adventures in wonderland). Y es que ambos, libro y cineasta, parecen estar hechos el uno para el otro.

Según leo en este blog dedicado a Burton, se está efectuando un casting en la localidad de Plymouth, en busca de figurantes para el rodaje de esta personal versión que, posiblemente, no estará en las pantallas hasta el año 2010. Por lo que me he podido enterar, la actriz protagonista será una actriz australiana no muy conocida, Mia Wasikowska, de la que podrán averiguar más datos gracias al práctico widget que tienen a su disposición un poco más abajo, facilitado por el buscador visual "Facesaerch", del que ya les he hablado alguna vez.


Parece, ¡cómo no!, que Johnny Depp, el actor fetiche del creador de "Eduardo Manostijeras", puede participar, también, en este proyecto, rumoreándose, incluso, que, como mínimo, hará de modelo y pondrá voz al personaje del "sombrerero loco".

En todo caso, y aunque la moderna animación en 3D suele ser muy divertida e interesante, especialmente la realizada por Tim Burton, dudo mucho que esta nueva adaptación al celuloide pueda superar en valores a la versión original en palabras, publicada en el siglo XIX bajo el seudónimo de Lewis Carroll, y que tengo el placer de ofrecerles a continuación, cortesía de un usuario de Isuu (juraría que le había dedicado una entrada a esta herramienta, pero no consigo encontrarla), que responde al, a buen seguro, injusto mote de "corto".


miércoles, 6 de agosto de 2008

Entrevista a Di Stefano (1962)

Me he hecho con un antiguo libro sobre cricket y fútbol, y me gustaría compartir con ustedes una curiosa entrevista que, en el año 1962, Gordon Ross, el editor del libro a petición de la empresa Gillette, le hacía al futbolista más grande de todos los tiempos, según muchos de los que tuvieron la suerte de verlo jugar, el hispano-argentino Alfredo Di Stefano. Podrán comprobar, por el interés de las preguntas, como el periodismo deportivo de hace medio siglo poco o nada se parece al actual, desgraciadamente para este. Les transcribo (traducidas al castellano), a continuación, las preguntas del británico y las inteligentes respuestas de una ya veterana "saeta rubia":

G.Ross: ¿A qué edad se empezó a interesar por el fútbol?
Alfredo Di Stefano: Fue en Buenos Aires con 7 u 8 años, en pequeñas canchas callejeras.
G.R.: ¿Cómo eran sus primeros entrenamientos?
D.S.: Entrenaba dos veces a la semana en la escuela. Hacíamos ejercicios físicos y de control de balón. Creo que tendría unos 10 o 12 años, entonces.
G.R.: ¿Jugaba ya de centrodelantero?
D.S.: Empecé de extremo derecho
G.R: ¿Cuanto tiempo practicaba este deporte?
D.S.: Como si fuese un profesional. Por las tardes, disputaba con los amigos partidillos en las calles. De noche, seguíamos jugando bajo la luz de las farolas. La pelota era de papel, o una naranja, una piedra o cualquier otra cosa susceptible de ser pateada.
G.R: ¿Ha entrenado específicamente el remate de cabeza?
D.S: Lo suficiente para aprender cómo hacerlo.
G.R: ¿Y el disparo?
D.S.: Normalmente, al final de las sesiones. Durante 15 o 20 minutos.
G.R.: ¿Qué métodos ha utilizado a lo largo de su carrera para mantenerse en forma?
D.S.: Vida saludable y la suerte de haber tenido buenos entrenadores. Ellos me enseñaron que debía cuidarme y me hicieron entrenar con entusiasmo.
G.R: ¿Qué encuentra más difícil de realizar?
D.S.: Botar un saque de esquina con la pierna izquierda.

G.R.: ¿Cuánto tarda en darse cuenta de las debilidades de los centrales rivales y cómo trata de aprovecharlas?
D.S.: Uno ya sabe como juega su rival. Si le gusta conducir, si maneja y golpea bien, etc. Por eso, incido y ataco sus posibles defectos.
G.R.: ¿Cómo se le juega a un central muy alto?
D.S.: Suelen ser poco ágiles. Lo más apropiado sería amagar y salir hacia el lado opuesto.
G.R: ¿Cuál es el mejor central contra el que ha jugado y por qué?
D.S.: El uruguayo Raúl Pini con el que jugué en "Millonarios". Era el jugador perfecto. Técnico, rápido, buen juego aéreo, jugaba en corto y largo, sabía regatear. En definitiva, era muy completo.
G.R.: ¿Por qué cree que el Real Madrid ha tenido un período exitoso tan largo?
D.S.: En mi opinión, fue la harmonía y el espíritu que mantuvieron los dirigentes del club cuando llegaron los primeros éxitos. Se buscaban nuevos jugadores que se integraban poco a poco en el equipo, pero sin hacer grandes cambios. Esa fue la clave, creo.
G.R.: ¿En qué se diferencia el fútbol español del resto?
D.S.: Es una mezcla de velocidad e inspiración, lo cual, generalmente, hace sacar lo mejor a un futbolista, sin necesidad de aprender las tacticas de los libros.
G.R.: ¿Tiene más oportunidades y facilidades un niño español que un inglés para practicar el fútbol?
D.S.: No, los medios y métodos españoles son inferiores. Hay menos clubes, y, sobre todo, muchos menos campos para entrenar.

G.R.: ¿Qué hace un día de partido?
D.S.: Habitualmente, jugamos por las tardes. Me levanto a las 9. Tomo una taza de café caliente y una tostada. Doy un paseo breve, leo el periódico, y a eso de las 12 del mediodía como con el resto del equipo. Consiste en dos consomés, jamón, filete, fruta variada y un café. Después me acuesto hasta una hora y media antes del partido, para ir al estadio. Después de jugar, tomo un baño caliente, una cena frugal y a la cama.
G.R: ¿Suele pedir el balón durante los partidos?
D.S.: Sí, todo el tiempo.
G.R.: ¿Prefiere los balones aéreos o los rasos?
D.S.: Me gusta que la bola vaya rasa porque es menos arriesgada que en el aire. Las aéreas hay que controlarlas y es fácil recibir faltas y que te lesionen mientras intentas dominarlas.
G.R.: ¿Qué consejo le daría a un chico de 15 años que aspire a ser un futbolista de élite?
D.S.: Mi consejo, y lo he dicho miles de veces, es que los niños deben dedicarse especialmente a aprender a controlar la pelota. Menos preparación física y más técnica de balón. Los ejercicios físicos están bien para aquellos críos que quieran ser corredores o saltadores, pero un muchacho que quiera dedicarse al fútbol debe ser un artista con la pelota. Eso es lo más importante. Ser capaz de hacer con la bola todo cuanto se le antoje.

sábado, 2 de agosto de 2008

Un experimento con el tiempo

Les presento, gracias a Laura Falcó, de nuevo, otra interesante primicia editorial para el próximo mes de septiembre. Aunque no deja de ser paradójico catalogar como novedad la edición de un libro que fue publicado, en su primera versión, en el año 1927.

"Un experimento con el tiempo", obra original del ingeniero aeronaútico británico, J.W. Dunne, es un ensayo científico que busca encontrar una explicación racional a fenómenos, frecuentemente etiquetados de paranormales, como las premoniciones, los "déjà vu" o, incluso, las dotes adivinatorias. Según tengo entendido, el autor sostiene la teoría de que, en los sueños, el ser humano realiza continuos viajes en el tiempo, y estas pequeñas visitas al futuro son las que proporcionan, a quienes las consiguen recordar, la capacidad precognitiva.

Interesante hipótesis, sin duda, la que nos plantea este sorprendente investigador, y cuyo experimento práctico es diseccionado, al milímetro, a lo largo de las más de doscientas páginas que conforman esta atractiva obra. Según cuenta la propia editora, fue el gran interés mostrado por el conocido escritor y presentador, Javier Sierra, el que acabó de decidirla a rescatar y sacar del olvido este trabajo pionero que, hasta la fecha, era prácticamente imposible encontrar en su traducción al castellano.

Más info:
-"An experiment with time" (web temática, en inglés)

lunes, 21 de julio de 2008

La plaga

Pues sí, por fin llega a España la dichosa plaga. Por si no teníamos bastante con la agobiante crisis económica que padecemos, en apena un mes sufriremos los efectos de un virus mortal que puede acabar con la humanidad al completo. Afortunadamente (supongo), esta destructiva plaga no existe más que en la imaginación de Jeff Carlson, el periodista que ideó este "best-seller" que el próximo 27 Agosto llegará a nuestras librerías.

La novela (Plague year) es un thriller conspirativo en donde vacunas, virus y nanorobots se encargarán de poner en apuros la supervivencia de nuestra especie. Como ven, no parece de la profundidad de "La metamorfosis" de Kafka, pero a buen seguro que resulta bastante más entretenida. De hecho, en Estados Unidos ha tenido tal éxito que está a punto de publicarse su segunda parte (Plague war), y el autor incluso prepara ya una tercera que cierre la saga. Vean su promoción americana (en inglés):


Si desean más información del primer volumen, que es el que se edita ahora en España, podrán encontrarla (e incluso descargarse sus treinta páginas iniciales, como he hecho yo para ponérselas al final de esta entrada) en su web oficial o, si pertenecen a Facebook, adscribiéndose al incipiente grupo "La plaga: Tú puedes salvarte".


Fuente: Laura Falcó

viernes, 20 de junio de 2008

Mujeres que leen

Así las pintó Henri Matisse a comienzos del siglo pasado. Su aspecto es tan inocente que el artista francés optó por inmortalizarlas en la figura de una cándida niña. Pero tengan cuidado, este tipo de mujeres aficionadas a la lectura son, probablemente, la clase de fémina que más daño puede causar entre los varones. He oído dolorosas historias de hombres convertidos en espectros, en sombras de lo que fueron, sólo por haber cometido el error de enamorarse perdidamente de una de estas mujeres fatales. Tengan mucho cuidado, y estén siempre alerta, porque las pérfidas lectoras se encuentran por todas partes. No es raro verlas en los arenales de las playas, en las terrazas de las cafeterías, en los bancos de los parques e incluso ahora, se dejan caer también por los lugares más insospechados de la red.

Ayer mismo me topé con una de ellas de camino al trabajo. Apenas había amanecido, pero allí estaba ella, tan interesante y atractiva, sentada en una escalera, mientras pasaba delicádamente las hojas de un misterioso libro lleno de coloridos retratos. Y no sé por qué, pero cuanto más me aproximaba a ella, más me parecía estar ante una versión actual de aquellas sirenas de las que nos hablaban las leyendas clásicas. Afortunadamente no escuché su canto, y tras vencer la fuerte tentación de cruzarme con su hermosa mirada, pude continuar con mi habitual camino. Horas más tarde, cuando finalicé mi jornada y regresé al hogar, no quedaba nadie ya sobre aquella escalera, sólo un pequeño libro, abandonado junto a la barandilla. Me acerqué a recogerlo, pensando que quizá fuese el que leía la misteriosa mujer de esa mañana. Lo abrí apresuradamente, y en su primera página, alguien había escrito: "Sólo para mujeres. No leer". Yo, por supuesto, hice lo contrario. ¿Y ustedes?.

"Las mujeres que leen son peligrosas", Stefan Bollmann.

jueves, 12 de junio de 2008

Mala mujer

Resulta que hay una firma de ropa que se llama así. No les pongo un link porque la imagen de cabecera incluye su dirección y además, nada me pagan. Incluso hay un blog con mucho más éxito que este, y que tengo el placer de enlazar, que también se llama "Mala mujer". Lo que les quiero decir con esto, es que el adjetivo malo-a, antes del sustantivo mujer, parece que pierde su valor peyorativo. Incluso, no sé..., como que nos "pone" un poco a los hombres. Porque parece que ahí dispuesto, este calificativo se convierte en sinónimo de traviesa, pícara, en el sentido de "golfilla" con el sexo contrario, entiéndanme. Y es muy injusto, porque a un "mal hombre" no hay por donde cogerlo. No sólo no irradian ningún atractivo, sino que los hombres malos son seres que merecen el desprecio tanto de las mujeres como el de sus brutos colegas de género.

Realmente no entiendo el por qué de está diferencia. ¿Qué sucede?; ¿es que no hay mujeres malas en el sentido literal de la palabra?; ¿es que siempre los malvados tenemos que ser los varones?. Aunque claro, contando en nuestro equipo con especímenes como Hitler, Calígula, Jack el destripador, Ramoncín (perdón, es broma, no he podido contenerme) o el señor austriaco que construye sótanos, no es de extrañar que seamos nosotros los que nos llevemos todos los honores en estos menesteres de la malicia. Y es que por mucho que pienso, no acabo de encontrar personajes femeninos que se puedan comparar con estos "angelitos". Imagino que será porque las mujeres son más inteligentes, y no suelen mancharse realizando las partes sucias del trabajo. Para eso ya nos tienen a nosotros. A los hombres nos va más eso de la sangre, las visceras y demás elementos de casquería. Así que resultamos una presa fácil de convencer. Sobre todo por una mujer. Acuérdense del famoso refrán de las carretas. Siendo así, ¿quién creen ustedes que es más malvado, el inconsciente individuo que ejecuta el crimen, o la persona que, sutilmente, le manipula y convence para cometerlo?.

Quizá se estén preguntando que a santo de qué me hago estas reflexiones un tanto misóginas. Les ruego que me sepan disculpar, pero a ustedes les ocurriría lo mismo, si tras terminar de leer la obrita de teatro que tienen incrustada con Issuu, un poco más abajo, hubiesen escuchado a la ambiciosa Lady Macbeth (la soprano sueca, Birgit Nilsson) cantar pérfidamente la famosa pieza de Verdi, "Nel di della vittoria":


"Macbeth" por William Shakespeare


jueves, 5 de junio de 2008

Fútbol y ajedrez


Acabo de terminar de leer este curioso libro de Adam Wells. Se trata de un pequeño ensayo que trata de establecer los paralelismos y similitudes que hay entre dos deportes aparentemente tan distintos como el ajedrez y el fútbol. Y digo, aparentemente, porque la lectura de este ensayo, me ha descubierto sus enormes semejanzas.

Todos hemos oído hablar (despectivamente, en general) de partidos de fútbol tan tácticos que parecen partidas de ajedrez. Incluso existen numerosos términos y expresiones que pueden ser, indistintamente, utilizados en contextos balompédicos o ajedrecísticos. Lean estos ejemplos (hay muchos más), a ver si son capaces de saber a cual de los dos deportes se refieren: "Dominar el centro, construcción de juego, juego posicional, crear espacios, atacar por los flancos, explotar las debilidades del contrario, superioridad numérica, movilidad, jugar en amplitud, diagonal, juego combinativo, contraataque, iniciativa..."

Pero, olvidemos ya las similitudes, y veamos como podemos superar sus notables diferencias. Fundamentalmente, se me ocurren tres importantes detalles que, a primera vista, convertirían estos dos mundos en irreconciliables:

1-El fútbol es un deporte físico y el ajedrez predominantemente mental.
2-En el primero, debido a sus casi infinitas variables, el azar es un aspecto a tener en cuenta. Sin embargo en el ajedrez, no hay lugar para la caprichosa suerte, pues todo lo que acontece sobre el tablero responde a normas conocidas y tasadas.
3-En el fútbol se necesita un balón, y en el ajedrez, por supuesto que no.


Los dos primeros puntos creo que no son difíciles de rebatir. Lo del predominio mental o físico en cada una de las modalidades es algo que se tiende a superar. De hecho, la mayoría de los ajedrecistas disponen de un preparador físico, y los clubes de fútbol de élite cuentan también con psicólogos y expertos en aprendizaje. Además, ¿alguien podría negar el derroche de inteligencia (táctica, al menos) que jugadores como Cesc, Kaká, Valerón, Pirlo, Totti, etc, ofrecen en cada una de sus intervenciones?.

En cuanto a lo del azar, ni el fútbol depende tanto de este factor, ni al ajedrez le es tan ajeno. ¿Cómo se explicaría si no, que, al acabar un partido de fútbol, todos seamos capaces de encontrar razones tácticas (lógicas) que pudieron provocar nuestra derrota o victoria?. ¿O que incluso los más grandes maestros de los 64 cuadros reconozcan (eso sí, en petit comité) que, en muchas ocasiones, se encuentran con posiciones ventajosas completamente inesperadas, ya sea por errores garrafales de sus contricantes o porque, simplemente, surgen, sin que sepan muy bien cómo?. Esta doble interrogante demuestra por sí sola que el papel de la suerte, en ambas disciplinas, no está tan definido como podíamos pensar.

Para superar el espinoso asunto del balón, vamos a necesitar echar un vistazo al gráfico futbolístico que tienen unos párrafos más arriba. Si se fijan bien, representa una jugada combinativa del Arsenal de hace unos cuantas temporadas. Por si no entienden las flechas, les explico: Pires tiene el balón, que se lo pasa a Bergkamp, el holandés pasa atrás a Vieira, que viendo la incorporación de Edú, le lanza un balón diagonal en profundidad que su compañero recepcionará ya en el área rival. Allí, probablemente, el mediocentro brasileño hará añicos la portería rival, conociendo su poderosa pierna izquierda.

Ahora fíjense en esta otra imagen:


Si tienen unas mínimas nociones de ajedrez, siguiendo las flechas podrán observar que el alfil blanco en c2 da soporte al caballo en f5, que a su vez hace lo mismo con el otro alfil en h4, y éste otro, a la torre que se incorporará desde d2 a la casilla d8, marcada con una cruz. La presencia de la torre enemiga en terrenos tan avanzados, sentenciará a la reina negra, y vaticina un rápido jaque mate por parte de las piezas blancas.

¿Les recuerda algo esta combinación?. ¿No?. Pues entonces hagan esto, sustituyan el tablero por un campo de fútbol, las piezas activas por los nombres de los jugadores del Arsenal, y la expresión "dar soporte" por la de "pasar el balón". ¡Ah!, y lo más importante, en vez de jaque mate, pongan la hermosa palabra gol. O todavía más sencillo, vuelvan a leer la combinación del Arsenal mirando esta vez a la imagen del tablero. ¡Asombroso!, ¿no les parece?. Las dos son casi exactamente la misma jugada. ¿Quién decía que en el ajedrez no se jugaba con balón?.

Enlaces relacionados:
-Comprar libro (newinchess.com).
-Soccer Chess
(página dedicada a un curioso juego de mesa, mezcla de fútbol y ajedrez).

martes, 20 de mayo de 2008

Ordenando mis libros

¡Qué pereza da tener que recoger los libros que tenemos desperdigados por toda la casa y colocarlos en la estantería adecuada!. Pero claro, un poco de orden en nuestra biblioteca es imprescindible si, llegado el momento en que precisemos un ejemplar en concreto, queremos encontrarlo rápidamente.

Pero, como en casi todo, Internet también nos puede ayudar en esta poco apetecible tarea. Obviamente no nos recogerá los libros del suelo, pero sí que nos ofrece herramientas estupendas que nos facilitarán que podamos localizar siempre el libro que necesitemos. Existen numerosas bibliotecas (libraries, en inglés) on line y aplicaciones para instalar que funcionan a modo de red social y que nos permitirán contactar con otros lectores de gustos afines a los nuestros. Pero, además de expandir nuestro círculo social, podremos editar, compartir y ver todo tipo de listas de libros, es decir, lo que estamos leyendo, lo que nos gustaría leer, las recomendaciones de los demás, las reseñas de los lectores, etc, etc. Incluso algunas de ellas cuentan con herramientas de búsqueda y widgets informativos que podemos incrustar en nuestro propio espacio o blog. Vean esto:


Este widget lo conseguí en ReadingSocial, red filial de LivingSocial, especializada en la lectura, y que cuenta también con una aplicación similar en Facebook. Como podrán apreciar, resulto un lector un tanto monotemático.

La mayoría de estas "tools", para evitarnos el trabajo de tener que escribir nosotros mismos los datos del libro que pretendemos incluir, se encuentran conectadas con las bases de datos de las principales librerías (ahora, sí) on-line existentes. Además, en caso de que el ejemplar, que buscamos o que queremos añadir a nuestra biblioteca, no conste en ninguna de esas bases de datos, siempre tendremos la posibilidad de añadirlo manualmente.

Yo, aunque llevo poco tiempo utilizándola, considero que LibraryThing es quizá la mejor elección, sobre todo por su amplísimo catálogo y la sencillez y variedad de posibilidades de uso. Aunque si lo que buscan es una herramienta mucho más cool, deberían instalar Libra (imagen inferior), un programita visualmente mucho más atractivo, y que cuenta incluso con la opción de agregar sus libros a las estanterías virtuales sólo con pasar el código de barras por la cámara web de su ordenador. O, al menos, en teoría, pues según pude comprobar, con las cámaras incrustadas, como es el caso de mi portátil, el lector no funciona correctamente.

Otras herramientas con similares funcionalidades son aNobii y Delicious Library (para Mac, creo), aunque como yo no las he probado, me limito a mencionárselas. Por último, comentarles que una opción muy cómoda es utilizar como catalogadoras las numerosas listas que Amazon.com nos permite crear, porque además suelen ser, generalmente, exportables a las demás aplicaciones de las que les vengo hablando. Si ustedes utilizan estas u otras herramientas, les ruego escriban sus impresiones en la sección de comentarios de esta entrada.

martes, 13 de mayo de 2008

El diablo de los números

¿Conocen a Teplotaxl?. Es un diablo de los números y también mi profesor particular de matemáticas. Me lo presentó Hans Magnus Enzensberger, un alemán que nada sabía de cifras hasta que conoció a este demonio. Teplotaxl se aparece en los sueños de aquéllos que temen a las matemáticas, y los llena de combinaciones, límites, raíces cuadradas o cualquier otra pesadilla similar. Y aunque es algo cascarrabias y a veces da miedo, siempre consigue que podamos comprender de forma divertida todos esos extraños conceptos.

Él me enseño que 1+1=2. Bueno, realmente yo ya lo sabía, pero fue el diablo de los números quien me contó que sólo la demostración de esta sencilla operación ocupó gran parte de la vida de uno de los más grandes intelectuales del siglo XX, Bertrand Russell. Pinchen en la imágen superior, si quieren averiguar si lo consiguió.

Teplotaxl también me mostró que las liebres y los árboles conocen las matemáticas, o al menos eso afirmaba otro demonio amigo suyo, un tal Fibonacci. Pero si quieren conocer otras muchas curiosidades que encierra este sorprendente universo de cifras y símbolos, mejor échenle un vistazo a este librillo. Puede que les entre el sueño y tengan la oportunidad de que se les aparezca mi maestro, Teplotaxl, el genio de los números.


sábado, 10 de mayo de 2008

"Cada libro quemado ilumina el mundo" - R.W. Emerson


Hoy se cumplen 75 años de aquel día de infausto recuerdo en el que miles de libros de autores de diversa condición fueron lanzados a la hoguera por los nazis. La aberración que hoy conmemoramos, una de las muchas que acaecieron en diversas ciudades de Alemania a los pocos meses de la llegada de Hitler al poder, tuvo lugar en la Opernplatz de Berlín, situada a escasos metros de la Universidad Humboldt, bajo la siniestra mirada del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels.

En la actualidad el lugar se denomina Bebelplatz. Muchos visitantes pasean distraídos por ella sin percatarse de la baldosa de cristal que se encuentra en medio de la plaza y a través de la cual pueden contemplarse vacuas estanterías que nos recuerdan la atrocidad que allí tuvo lugar (ver foto).

La lista de libros, ciertamente extensa, comprendía obras de autores judíos, socialistas, comunistas, pacifistas, liberales, o simplemente, consideradas contrarias al recto espíritu alemán. Uno de ellos, Sigmund Freud, dijo irónicamente a un periodista que, a pesar de lo que pudiera comentarse, semejante hoguera era un avance en la historia humana: En la Edad Media ellos me habrían quemado. Ahora se contentan con quemar mis libros [...]

Lamentablemente se equivocaba Freud: unos años después, las hogueras de libros darían paso a las cremaciones de seres humanos.

viernes, 2 de mayo de 2008

Dos de mayo para todos los gustos

Con esto del aniversario de la revuelta del dos de mayo me están entrando unas ganas de cargarme "franchutes" que mejor será que no me deje caer por el Carrefour en un tiempo. Es curioso, han pasado doscientos años de lo de Daoíz y Velarde, y en el inconsciente popular hispano (servidor incluido) todavía continúan supurando las afrentas gabachas decimonónicas.

Pero a lo que iba, quizá recuerden que hace unos meses les recomendé el libro que Pérez Reverte acababa de publicar sobre los acontecimientos de ese dramático día. Pues si no me han hecho caso, peor para ustedes. Lo acabo de concluir (estuve esperando a que se acercaran estas fechas para leerlo), y es un libro apasionante y muy bien documentado. Más que una novela parece un documental de estos que se hacen ahora grabando en tiempo real 24 horas de la vida de los protagonistas.

Otra buena opción para que se enteren con detalle lo acaecido en Madrid hace doscientos años, si no son muy dados a la lectura, sería que pudiesen ver el documental que ofreció ayer Telemadrid, titulado "Los héroes olvidados". Aunque a aquellos que no somos capitalinos no nos quedará más remedio que esperar a que esa cadena lo cuelgue en stream en su web, o que algún caritativo "bandolero cibernético" tenga a bien compartirlo con nosotros, los pobres provincianos, a través de métodos algo menos legales.

Y si tampoco son amigos de los documentales, todavía les quedará la posibilidad de imbuirse en el Madrid de Bonaparte, Murat y demás hijos de la gran p..., a través del entretenido folletín "2 de Mayo-La libertad de una nación", que aunque también ha sido estrenado recientemente en la cadena autonómica madrileña, está ya disponible en la red. La imagen de cabecera (la otra es un cuadro de la sublevación del cuartel de Monteleón) corresponde a un fotograma de esta tragicomedia de situación que narra la difícil vida en una humilde barriada madrileña a los pocos meses de los sucesos del 2 y 3 de mayo. Y aunque no me atrevo a pronosticar el éxito de una serie cuya difusión no es todavía nacional, deberían ir aprendiendo el nombre de Luis Valencia, porque me da que este personaje ficticio mitad héroe y mitad truhán, es de los que, como le sucedió a su predecesor andaluz, Curro Jiménez, acaban incorporándo su propia leyenda a la historia que se cuenta en las enciclopedias.

lunes, 31 de marzo de 2008

Ray Bradbury y otras historias

No sé si será una buena idea dedicarle una entrada a este fantástico escritor de ciencia ficción, y perdonen la redundancia, pero era tan tentadora que no me he podido contener. Y se lo comento porque este buen señor tiene una edad más que respetable (nació en 1920), y si ustedes son habituales lectores de este blog, sabrán que algunos de los personajes que homenajeo en mis posts, tienen la mala costumbre de morirse al poco tiempo (veáse John Balan, o el añorado Juan Antonio Cebrián). Ahora que lo pienso, eso mismo le pasa al festival de cine de San Sebastián donde creo se están pensando entregar un nicho conjuntamente con su concha honoraria. Seguramente nuestro protagonista sería capaz de trazar una buen relato de terror con lo que les acabo de contar, no en vano es el autor de novelas tan genialmente originales como "Crónicas marcianas", "El hombre ilustrado" o "Fahrenheit 451".

Es precisamente sobre esta última novela sobre la que me gustaría hacerles una observación. Por si no la conocen, su acción se desarrolla en una sociedad futura cuyo equilibrio radica en la igualdad absoluta entre todos sus integrantes. No me refiero sólo a que sus habitantes tengan todos idénticos derechos, que también, sino también a las mismas inquietudes, expectativas e ilusiones. Pero claro, ¿cómo encontrar un baremo uniforme conociendo la gran diversidad del ser humano?. Los dirigentes de esa sociedad distópica lo tenían claro, y encontraron su respuesta en la aplicación de un rasero tan bajo que cualquier individuo lo pudiese alcanzar. Por lo cual los máximos enemigos de ese mundo paritario pero mediocre serían aquéllos que se elevaban claramente por encima de la media. La consecuencia lógica era que nada podía haber más peligroso y subversivo que el libre pensamiento, la cultura, el arte, la genialidad, o cualquier otra manifestación humana de excepcionalidad. De ahí que la principal ley que regía en esa organización era la de la prohibición de la lectura. Y para fomentar y vigilar su estricto cumplimiento, se hacía necesaria la existencia de brigadas dedicadas a la destrucción y eliminación de cualquier conocimiento escrito. El protagonista de la novela pertenece a uno de estos cuerpos especiales. Su misión era la de descubrir libros ocultos, y hacerlos arder a la temperatura de 451 grados Fahrenheit, justo el calor necesario para que se carbonizasen.

Reflexionen un poco sobre este argumento que estaría representado por la ecuación fundamental "Orden=mediocridad+ignorancia", siendo esta última un requisito fundamental para conseguir el grado de conformismo necesario para que el sistema se desarrolle con normalidad sin originar elementos sediciosos que pongan en peligro su pervivencia. Piensen ahora en las políticas (de educación y comunicación, sobre todo) que padecemos no sólo aquí en España, si no en gran parte del mundo occidental, ¿no creen ustedes que se rigen por la misma fórmula elemental que la sociedad surgida de la imaginación de Bradbury?. Puede que aquí no se quemen libros, pero si huele a quemado, y basta con respirar para percatarse, es que continúan azuzando las brasas.

Enlaces relacionados:
-Descargar en pdf "Fahrenheit 451"
-Web oficial de Ray Bradbury


sábado, 29 de marzo de 2008

Que lo cuente Alvite

Hay escritores que narran historias y otros que las viven antes de que ellos mismos o aquellos primeros las envuelvan con una bonita portada. Me cuentan incluso que más de uno ha ganado premios literarios sin haber ensuciado otro papel que el de las servilletas de zig-zag. Mi azarosa existencia se podría resumir como un vano intento de, apenas por un instante, asemejarme al peor de entre todos esos escritores de la segunda clase.

Comencé, como todo el mundo, asistiendo a talleres de literatura durante el día, pero pronto me percaté que era por las noches, cuando operaba la verdadera escuela. Me inicié en cuantos vicios existían sólo para poder ser uno de ellos. Al principio, fumaba y bebía en soledad, y toda mi conversación se reducía a pedirle la cuenta al camarero. Mientras esperaba el momento en que algo me sucediese al fin, observaba discretamente todo lo que ocurría a mi alrededor, y gustaba de disfrutar de la música de ambiente como si fuese la banda sonora de una antigua película de cine negro. A veces imaginaba estar en un decrépito salón americano de 1800; otras, las menos, desgraciadamente, soñaba con el elegante "Cotton Club", pero, caballeros, cuando tienes el cenicero casi pegado a la puerta de los wáteres, creanme que es difícil que el sonido de la cisterna no te devuelva a la ordinariez de la cruda realidad.

Cuando la luz del día que se filtraba por las rendijas de la puerta del "Corzo" o del "Savoy", que ésos eran los dos nombres a los que respondía mi particular universidad, comenzaba a incomodar a mis dilatadas pupilas, me levantaba tambaleante, y abandonaba el local sin siquiera despedirme del viejo barman, que, a escondidas, apuntaba en la envoltura de un cartón de tabaco, las copas y paquetes de cigarrillos que el extraño chico de la mesa junto a los servicios, tendría que abonar la noche siguiente para poder entrar.

Madrugada tras madrugada, delante de mí, se representaban amargas historias de aquéllas que sólo pueden acontecer cuando la gente de bien ya le ha dado el beso de buenas noches a su mujer, y han iniciado el primer sueño sin importarles tener un auricular o un cuchillo clavado en su oreja derecha. A veces, mi atención era absorbida por la embaucadora belleza de algunas damas que se ofrecían por menos de la mitad de lo que ellas creían, y que, sin embargo, solía resultar bastante más del doble de lo que realmente valían. En otras ocasiones, desfilaban ante mis irritados ojos, los fantasmas de las sombras de los que no hacía tanto tiempo habían sido personajes de relumbrón en una hoguera de vanidades que, a fuego lento, los volvió carbonilla. Hacía tiempo que su estrella se había esfumado, pero los cornudos, no lo duden, siempre son los últimos en querer enterarse.

En este lugar, que llegó a ser mi verdadero hábitat esa temporada, los desengaños y desamores combinaban con la soledad y el dolor bastante mejor que cualquiera de los extraños brebajes que el misterioso camarero mezclaba en su destartalada coctelera plateada. Frecuentemente, notaba que me faltaba el aire, y aunque tardé cinco años en conseguir hacerlo, me sentía tentado de salir a tomar un poco el fresco, y regresar anticipadamente al mundo de los que todavía respiraban. Yo se lo achacaba a lo incontables "Ducados" que, a lo largo de la noche, iban desfilando de mi boca al cenicero, y que solían gozar de una segunda vida en los labios de cualquiera de los demás clientes del "Savoy", incluido yo mismo, antes de terminar aplastados por los tacones de una mujerzuela de muslos sólo comparables a su falta de suerte. Sin embargo, ahora puedo saber que no eran los cigarrillos, sino esa pesada atmósfera de resignación y derrota, la que me impedía oxigenar lo necesario a mis alveolos maltrechos.

A lo largo de casi cinco años, creo que no falté una sola noche a mi cita con la bohemia. Incluso logré convencer al barman para que celebrase su cena de nochebuena en el "Corzo". Pero aún así, nada pude escribir durante esa larga temporada, simplemente, porque nada me sucedía a mí. Todas las historias que pasaban ante mí me eran ajenas; sí, eran otros tipos quienes las vivían y padecían. Sujetos a los que llegaba a envidiar por haberse encontrado a su mujer en la cama con la esposa de su mejor amigo, o por jugarse y perder todos los dedos de la mano de pactar, tras confíar en uno de esos socios que sólo cumplen a la hora de traicionarte. Todas esas cosas, y otras peores, sucedían, sí, pero, lamentablemente, nunca a mí. Y es que yo estaba demasiado ocupado inventando un personaje al que no lograba suministrar el combustible necesario para poder incorporarlo de la silla.

Fue bastante tiempo más tarde cuando logré encontrar la explicación a este raro suceso de no poder traducir a palabras creíbles la sordidez en la que me desenvolvía entonces. Una noche, casi quince años después de que mi nueva amiga la conciencia, me liberara de mis no muy saludables hábitos nocturnos, temeroso y asustado, me atreví a cruzar de nuevo el umbral del viejo "Corzo". Todo parecía seguir en su sitio. Sin darme cuenta, volvía a estar sentado en aquella pequeña mesa junto a los servicios, acompañado de mi habitual botella de Johnny Walker, que, como de costumbre, no recordaba haber pedido. Andaba yo absorto evocando mis antiguos recuerdos, cuando el estruendo del sonido de la cisterna, me devolvió por enésima vez a la realidad. De los servicios salía a duras penas un muchacho con los ojos enrojecidos que se detuvo ante mí, y me susurró con voz pastosa: "Oiga, jefe, perdone, pero este es mi sitio". Dejé la botella en la mesa, y regresé a la barra con un vaso a medio llenar en la mano y una enorme interrogante en la mitad del cerebro que permanecía de guardia. Desde allí me giré de nuevo hacia el muchacho, y le oí murmurar algo mientras intentaba prender un cigarro que había cogido de un paquete de "Ducados" que sobresalía de uno de sus calcetines. Entonces miré al camarero, y si no lo conociese, juraría que me había sonreído.

Mientras, a pocos metros de mí, se sucedían nuevas pero repetidas estampas de personajes derrotados por su propio fracaso. Gracias a estar todavía sobrio, me pude dar cuenta que los protagonistas de estas escenas eran realmente parecidos los unos a los otros. ¿Qué digo?, eran la misma persona, sin duda. Voz profunda, rostro curtido, arrugas profundas, barba cana desaliñada, y ancha pero decadente figura copa y cigarro en mano. Pude recordar, entonces, que así eran también todos aquellos habitantes del submundo en el que estuve inmerso casi dos décadas atrás. Me estaba empezando a preocupar con esta revelación, cuando me interrumpió el áspero sonido del timbre del viejo teléfono del local:

"¡Alvite!, es para ti"-gritó molesto el camarero.

Fue entonces cuando me quedé atónito observando que tanto el hombre que gesticulaba y discutía con la fulana de turno, como aquel otro que bailaba escondiendo su soledad en la penumbra de la vetusta pista, e incluso el extraño muchacho que ahora ocupaba mi antigua mesa, se acercaron a la barra dispuestos a contestar la llamada. De ese estado inicial de extrañeza fui pasando a otro de absoluto entusiasmo. Empezaba a entender por qué no había sido capaz de escribir nunca nada sobre aquellas experiencias malevas de juventud. ¡Esas historias no me pertenecían!. Todas tenían un mismo dueño, un único autor, ¡Alvite!.

Y, creanme, nadie como él para contarlas.

Si están interesados en la obra de José Luis Alvite:
-Artículos publicados
-Comprar sus libros
-Alvite, un alma del nueve largo (por Carlos Herrera)

http://www.wikio.es