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martes, 6 de octubre de 2009

Far behind

Todo menos quedarme parado. Es lo peor que podría hacer. ¿Para qué girarme y volver a ver lo que se pudre a mis espaldas?. No estoy huyendo. Sólo voy en cabeza y no siento nada. Por fin lo he dejado. Lejos, muy lejos atrás.

lunes, 11 de mayo de 2009

Comer tu boca



¿Que cómo hago para no extrañarte?
No hago nada nena, yo te extraño.
Despierto en las mañanas buscando tu carne.

¿Que cómo hago para aguantarme?
Por lo pronto nena yo te aclaro,
No sería capaz de matarme, no no...
Pero pienso, pienso, pienso, pienso, pienso, y pienso

Pienso en el momento
De comer tu boca
Y todo este tiempo toda espera me parece poca

Pienso en el momento
De comer tu boca
Y todo este tiempo toda espera me parece poca
¿Que cómo hago para no extrañarte?
No hago nada nena, yo te extraño.
Despierto en las mañanas buscando tu carne.

¿Que cómo hago para aguantarme?
Por lo pronto nena yo te aclaro,
No sería capaz de matarme, no no...
Pero pienso, pienso, pienso, pienso, pienso, y pienso

Pienso en el momento
De comer tu boca
Y todo este tiempo toda espera me parece poca

Pienso en el momento
De comer tu boca
Y todo este tiempo toda espera me parece poca

"Comer tu boca", por Coti Sorokin (Malditas canciones, 2009)


sábado, 30 de agosto de 2008

Estoy verde de rabia

Hace faltar ser imbécil para traducir así el título del capítulo 18 de la 13ª temporada de los Simpsons. ¿Les digo el original, en inglés?: "I am a furious yellow". Por lo cual, o el submarino al que le cantaban los Beatles era color de rana, o el traductor es daltónico, al menos, de palabra. Aunque ahora que me fijo en la foto promocional (arriba), Homer tiene un bonito tono verde cual mi añorado Lou Ferrigno. Ergo los auténticos gilipollas son los guionistas y dibujantes de la serie que se han hecho un lío con tanto juego de palabras. El traductor, por lo visto, no pasa de ser un maldito listillo.

Por cierto, en el capítulo que les comento, Bart crea un personaje de dibujos animados llamado "Papá rabioso (angry dad)", y que, como su nombre indica, está lleno de ira y listo para explotar ante el más mínimo contratiempo. Vean este video (está en inglés, pero no creo que necesiten a ningún "sabelotodo" para comprenderlo):


Si, tras ver las imágenes, están pensando en cuánto se parece el personaje creado por Bart a su padre en la ficción, y esto les lleva a deducir que "Papá rabioso" está inspirado en el carácter y personalidad del habitante más famoso de Springfield, siento tener que decirles que no están del todo acertados. Me explico: lo de "papá" no niego que quizá tenga que ver con "Homer Simpson", pero lo de "rabioso" les garantizo que no se refiere a él. Y es que, aunque un servidor no tiene todavía la (des)dicha de tener descendencia, pueden estar seguros de que "Papá rabioso" soy yo. Si les cuesta creerme, tendrían que haberme visto ayer noche; eso sí que era estar verde de rabia, y no lo del dibujo animado. Hoy, sin embargo, mi piel tira más a rojo, a rojo de vergüenza. Mil perdones.

Archivos relacionados:
-Episodio
T13E18-The Simpsons, "Estoy verde de rabia" (en castellano)

miércoles, 20 de agosto de 2008

Trouble in mind

Que viene a querer decir "problemas en la cabeza". Y es que por mucho que las adversidades afecten a la salud, al amor, a la familia, al trabajo o a lo que ustedes quieran, donde realmente inciden las contrariedades es en la cabeza. Día tras día, hora tras hora, incluso, segundo a segundo, los problemas cotidianos de la vida martillean incesantemente nuestra pobre mente.

Hay gente que sabe convivir perfectamente con las dificultades. Es más, incluso, se crecen ante ellas. Casi se podría decir que disfrutan con ellas. Supongo que más que nada será porque, generalmente, suelen conseguir superarlas. Estos privilegiados son "los triunfadores", y resultan tan perfectos que apestan.

El polo opuesto está compuesto por los débiles, los que se ahogan en un vaso de agua y están todo el día quejándose. Éstos apestan tanto o más que los primeros. No hacen nada para mejorar, y siempre creen que sus desgracias son a causa del mal comportamiento de los demás.

Los míos son los resignados, los que se saben fracasados y se regodean en su impotencia. Pero no se crean, no es tan fácil ser un derrotado feliz. Muchos lo han intentado, pero pocos son los capaces de convivir en armonía con el dolor. Los que no pueden soportarlo, acaban tomando decisiones drásticas para liberarse definitivamente de sus padecimientos. Les estoy hablando de gente como Gram Parsons, Kurt Cobain, y ahora parece que también, Amy Winehouse. Pero por encima de todos ellos se eleva la maravillosa cantante que tienen en las imágenes de esta entrada. ¿No la reconocen?. Pues escuchen lo que sigue y ya verán como seguro que no se vuelven a olvidar de la más triste entre las tristes, la fiel compañera de Bobby McGee, la incomparable e inimitable (lo siento, Amy) Janis Joplin.


sábado, 16 de agosto de 2008

Uy, uy, uy, uy, mi gata hace ay, ay, ay, ay

Perdonen la calidad de las imágenes pero mi teléfono móvil es a los píxeles, lo que el aceite es al agua. El animalito de la foto no es otro que Lucy, la protagonista del título de este humilde blog, y el motivo de que lleve un collarín y de que su "residencia de verano" sea una caja de cartón es que acaba de ser sometida a una delicada intervención quirúrgica.

Aforunadamente, parece que la cosa ha salido bastante bien, y la recuperación va mejor de lo previsto. Ella, como pueden comprobar, sigue con sus antiguos hábitos y se pasa todo el día durmiendo, como si no tuviera en su abdomen más puntos que el Real Madrid en sus buenos tiempos.

Finalizo felicitando sinceramente, y este es el auténtico motivo de publicar esta entrada, al equipo veterinario encabezado por Alfonso Chico Carballas, por su buen hacer profesional y su infinita paciencia (y valor) para lidiar con el complicado (es un eufemismo, claro) caracter de nuestra querida mascota. Si ustedes viven en A Coruña y tienen un animal doméstico que, lamentablemente, necesite cuidados veterinarios, les recomiendo que acudan al centro quirúrgico que dirige este facultativo en la calle Juan Flórez, 91. Si necesitan más datos, busquénlos en esta tarjeta autografiada, que yo no me puedo distraer mucho porque Lucy parece estar planeando fugarse de su cárcel de cartón, y todavía debería permanecer unos cuantos días más en reposo.


martes, 29 de julio de 2008

El chico de la moto

Dicen que el océano es grande, inmenso, incluso, pero, aún así, yo no pude encontrarlo. Quizá haya dejado de ser azul. De todas formas, ¿qué más da?. Hace ya mucho tiempo que no distingo los colores.

Cuando tuve que regresar apenas me encontré con nadie de los de entonces. ¿Ves?, los pocos que sobrevivieron a los días que tú llamas gloriosos ahora se exhiben en las calles mostrando sin pudor sus lastimosas mutilaciones. El momento justo pasa y no se puede volver atrás. Intentas apropiarte de un pasado que no te pertenece y, cuando te das cuenta, ya has dejado escapar tu verdadera meta. ¿Cómo dejarse guíar por alguien que no sabe cuál es su destino?. Cierra los ojos y corre hasta que no puedas dar un paso más. Tú verás el oceáno, hermanito. ¡Me gustaría tanto poder ir contigo!.

Yo no quiero luchar más. Sé que ya he perdido y estoy cansado. Además, ni siquiera fui nunca un guerrero. Lo único que hice fue defenderme porque me sabía en territorio hostil. Así es mi vida. Fuera de lugar, fuera de sitio. "Tu hermano nació en la orilla equivocada", repetía constantemente aquel borracho.

¿Hueles la sal?, ¿podrías decirme de qué color son los peces que han alcanzado el mar?.

Más info:
-"
La ley de la calle (Rumble fish)" en vagos.es (quizá tengan que registrarse).
-"La ley de la calle" en IMDb.


viernes, 6 de junio de 2008

Animalito

Hoy me enviaron a través de Facebook, un viejo video con el desenlace de la historia del león Christian. Por si no la conocen o recuerdan, ni vieron el documental basado en ella, se la resumiré, brevemente:

Los padres de Christian eran leones de feria. Cuando el circo cerró, fue comprado en Harrods (se ve que venden de todo en esos almacenes), siendo apenas un cachorrito (ver fotos), por un par de amigos que vivían en Londres. A medida que la criatura fue creciendo y ganando peso y fuerza, se fue convirtiendo en un problema para sus nuevos propietarios. Ya saben, alimentarlo era una ruina, asustaba a los vecinos, destrozaba media casa, etc, etc. Al final, los dos jóvenes, con todo el dolor de su corazón, tuvieron que desprenderse del pobre Christian, entregándolo a un famoso naturalista que se encargó de readaptarlo a la vida salvaje en una reserva africana.

El proceso llevó bastante tiempo y fue paulatino. Primero se le buscó un compañero que ya hubiera vivido antes en cautividad; una vez fue aceptado por éste, poco a poco, los demás leones de la reserva fueron tolerando igualmente a nuestro protagonista. Pasados los años, los dos antiguos dueños le pidieron al naturalista si era factible volver a ver a su criatura. Éste les advirtió que su león había dejado de ser una mascota, que ahora era una fiera con todas las de la ley, y que además probablemente su viaje fuese en balde, ya que Christian llevaba cerca de nueve meses sin aparecer por la reserva. Aún así, los dos jóvenes le confirmaron su inmediata visita.

Nada más aterrizar en el aeropuerto africano, recibieron un mensaje del naturalista informándoles de que su león había vuelto a aparecer, sorprendentemente, por las inmediaciones de su parque, y que estaba con su nueva manada en unas montañas cercanas. Que parecía cosa de telepatía, pero que, aún así, no se hicieran muchas ilusiones, pues no se podrían acercar demasiado a verlo, ya que Christian era ahora un animal salvaje, y como a buen seguro no les recordaría, lo más probable es que les atacase.

Si quieren saber como fue el reencuentro, no dejen de ver este video:


Fuente y agradecimientos: María José Astorga Pascual.

domingo, 11 de mayo de 2008

Besos de mayo



No sé por qué te quiero
será que tengo alma de bolero
tú siempre buscas lo que no tengo
te busco en todos y no te encuentro
digo tu nombre cuando no debo.

No sé por qué te quiero
si voy a tientas tú vas sin freno
te me apareces en los espejos
como una sombra de cuerpo entero,
yo me pellizco y no me lo creo.

Si no me hicieran falta tus besos
me tratarías mejor que a un perro
piensa que es libre porque anda suelto
mientras arrastras la soga al cuello.

Querer como te quiero
no va a caber en ningún bolero
te me desbordas dentro del pecho
me robas tantas horas de sueño
me miento tanto que me lo creo.

Si no me hicieran falta tus besos...

Querer como te quiero
no tiene nombre ni documentos
no tiene madre no tiene precio
soy hoja seca que arrastra el tiempo
medio feliz en medio del cielo.

martes, 29 de abril de 2008

Hay una cosa que te quiero decir


sábado, 29 de marzo de 2008

Que lo cuente Alvite

Hay escritores que narran historias y otros que las viven antes de que ellos mismos o aquellos primeros las envuelvan con una bonita portada. Me cuentan incluso que más de uno ha ganado premios literarios sin haber ensuciado otro papel que el de las servilletas de zig-zag. Mi azarosa existencia se podría resumir como un vano intento de, apenas por un instante, asemejarme al peor de entre todos esos escritores de la segunda clase.

Comencé, como todo el mundo, asistiendo a talleres de literatura durante el día, pero pronto me percaté que era por las noches, cuando operaba la verdadera escuela. Me inicié en cuantos vicios existían sólo para poder ser uno de ellos. Al principio, fumaba y bebía en soledad, y toda mi conversación se reducía a pedirle la cuenta al camarero. Mientras esperaba el momento en que algo me sucediese al fin, observaba discretamente todo lo que ocurría a mi alrededor, y gustaba de disfrutar de la música de ambiente como si fuese la banda sonora de una antigua película de cine negro. A veces imaginaba estar en un decrépito salón americano de 1800; otras, las menos, desgraciadamente, soñaba con el elegante "Cotton Club", pero, caballeros, cuando tienes el cenicero casi pegado a la puerta de los wáteres, creanme que es difícil que el sonido de la cisterna no te devuelva a la ordinariez de la cruda realidad.

Cuando la luz del día que se filtraba por las rendijas de la puerta del "Corzo" o del "Savoy", que ésos eran los dos nombres a los que respondía mi particular universidad, comenzaba a incomodar a mis dilatadas pupilas, me levantaba tambaleante, y abandonaba el local sin siquiera despedirme del viejo barman, que, a escondidas, apuntaba en la envoltura de un cartón de tabaco, las copas y paquetes de cigarrillos que el extraño chico de la mesa junto a los servicios, tendría que abonar la noche siguiente para poder entrar.

Madrugada tras madrugada, delante de mí, se representaban amargas historias de aquéllas que sólo pueden acontecer cuando la gente de bien ya le ha dado el beso de buenas noches a su mujer, y han iniciado el primer sueño sin importarles tener un auricular o un cuchillo clavado en su oreja derecha. A veces, mi atención era absorbida por la embaucadora belleza de algunas damas que se ofrecían por menos de la mitad de lo que ellas creían, y que, sin embargo, solía resultar bastante más del doble de lo que realmente valían. En otras ocasiones, desfilaban ante mis irritados ojos, los fantasmas de las sombras de los que no hacía tanto tiempo habían sido personajes de relumbrón en una hoguera de vanidades que, a fuego lento, los volvió carbonilla. Hacía tiempo que su estrella se había esfumado, pero los cornudos, no lo duden, siempre son los últimos en querer enterarse.

En este lugar, que llegó a ser mi verdadero hábitat esa temporada, los desengaños y desamores combinaban con la soledad y el dolor bastante mejor que cualquiera de los extraños brebajes que el misterioso camarero mezclaba en su destartalada coctelera plateada. Frecuentemente, notaba que me faltaba el aire, y aunque tardé cinco años en conseguir hacerlo, me sentía tentado de salir a tomar un poco el fresco, y regresar anticipadamente al mundo de los que todavía respiraban. Yo se lo achacaba a lo incontables "Ducados" que, a lo largo de la noche, iban desfilando de mi boca al cenicero, y que solían gozar de una segunda vida en los labios de cualquiera de los demás clientes del "Savoy", incluido yo mismo, antes de terminar aplastados por los tacones de una mujerzuela de muslos sólo comparables a su falta de suerte. Sin embargo, ahora puedo saber que no eran los cigarrillos, sino esa pesada atmósfera de resignación y derrota, la que me impedía oxigenar lo necesario a mis alveolos maltrechos.

A lo largo de casi cinco años, creo que no falté una sola noche a mi cita con la bohemia. Incluso logré convencer al barman para que celebrase su cena de nochebuena en el "Corzo". Pero aún así, nada pude escribir durante esa larga temporada, simplemente, porque nada me sucedía a mí. Todas las historias que pasaban ante mí me eran ajenas; sí, eran otros tipos quienes las vivían y padecían. Sujetos a los que llegaba a envidiar por haberse encontrado a su mujer en la cama con la esposa de su mejor amigo, o por jugarse y perder todos los dedos de la mano de pactar, tras confíar en uno de esos socios que sólo cumplen a la hora de traicionarte. Todas esas cosas, y otras peores, sucedían, sí, pero, lamentablemente, nunca a mí. Y es que yo estaba demasiado ocupado inventando un personaje al que no lograba suministrar el combustible necesario para poder incorporarlo de la silla.

Fue bastante tiempo más tarde cuando logré encontrar la explicación a este raro suceso de no poder traducir a palabras creíbles la sordidez en la que me desenvolvía entonces. Una noche, casi quince años después de que mi nueva amiga la conciencia, me liberara de mis no muy saludables hábitos nocturnos, temeroso y asustado, me atreví a cruzar de nuevo el umbral del viejo "Corzo". Todo parecía seguir en su sitio. Sin darme cuenta, volvía a estar sentado en aquella pequeña mesa junto a los servicios, acompañado de mi habitual botella de Johnny Walker, que, como de costumbre, no recordaba haber pedido. Andaba yo absorto evocando mis antiguos recuerdos, cuando el estruendo del sonido de la cisterna, me devolvió por enésima vez a la realidad. De los servicios salía a duras penas un muchacho con los ojos enrojecidos que se detuvo ante mí, y me susurró con voz pastosa: "Oiga, jefe, perdone, pero este es mi sitio". Dejé la botella en la mesa, y regresé a la barra con un vaso a medio llenar en la mano y una enorme interrogante en la mitad del cerebro que permanecía de guardia. Desde allí me giré de nuevo hacia el muchacho, y le oí murmurar algo mientras intentaba prender un cigarro que había cogido de un paquete de "Ducados" que sobresalía de uno de sus calcetines. Entonces miré al camarero, y si no lo conociese, juraría que me había sonreído.

Mientras, a pocos metros de mí, se sucedían nuevas pero repetidas estampas de personajes derrotados por su propio fracaso. Gracias a estar todavía sobrio, me pude dar cuenta que los protagonistas de estas escenas eran realmente parecidos los unos a los otros. ¿Qué digo?, eran la misma persona, sin duda. Voz profunda, rostro curtido, arrugas profundas, barba cana desaliñada, y ancha pero decadente figura copa y cigarro en mano. Pude recordar, entonces, que así eran también todos aquellos habitantes del submundo en el que estuve inmerso casi dos décadas atrás. Me estaba empezando a preocupar con esta revelación, cuando me interrumpió el áspero sonido del timbre del viejo teléfono del local:

"¡Alvite!, es para ti"-gritó molesto el camarero.

Fue entonces cuando me quedé atónito observando que tanto el hombre que gesticulaba y discutía con la fulana de turno, como aquel otro que bailaba escondiendo su soledad en la penumbra de la vetusta pista, e incluso el extraño muchacho que ahora ocupaba mi antigua mesa, se acercaron a la barra dispuestos a contestar la llamada. De ese estado inicial de extrañeza fui pasando a otro de absoluto entusiasmo. Empezaba a entender por qué no había sido capaz de escribir nunca nada sobre aquellas experiencias malevas de juventud. ¡Esas historias no me pertenecían!. Todas tenían un mismo dueño, un único autor, ¡Alvite!.

Y, creanme, nadie como él para contarlas.

Si están interesados en la obra de José Luis Alvite:
-Artículos publicados
-Comprar sus libros
-Alvite, un alma del nueve largo (por Carlos Herrera)

miércoles, 19 de marzo de 2008

El día del padre

Que papá más guapo tengo, ¿no creen?. Hoy es el día del padre y, para variar, me he olvidado de comprarle regalo alguno a mi querido progenitor. No es que sea yo uno de ésos, que para ocultar su tacañería, se justifican acusando, no sin algo de razón, al 19 de Marzo, de fiesta inventada por "El Corte Inglés". No, yo soy simplemente una persona despistada. Igualito que él. "De tal palo, tal astilla", como debe ser.

Pues nada, tendré que salir del apuro, acudiendo por enésima vez al recurso que usaba cuando crío. Me refiero a eso de garabatearle un alegórico dibujito, esculpirle una bonita manualidad, o escribirle una sentida poesía. Aunque gracias al desarrollo de la informática, la cosa puede ser algo más elaborada, ahora.

Para usted, capitán, con toda mi gratitud y admiración:



Fotos: Manuel Porvén Civeira
Música: You'll never walk alone (Elvis Presley)

domingo, 16 de marzo de 2008

Eurovisión: Cualquier tiempo pasado fue mejor

Llámenme freakie, hortera, nostálgico o lo que quieran, pero echo de menos los tiempos en que este país se paralizaba la noche del sábado en que se celebraba el concurso internacional de música por excelencia, el célebre festival de Eurovisión.

Ver en pantalla el logo que tienen en la imagen, acompañado de la pegadiza sintonía que imagino tendrán ahora en su cabeza aquellos de ustedes que no tengan menos de cuarenta años, era, posiblemente, el momento televisivo más importante del año. En las familias se hacían apuestas sobre el posible resultado de la candidata española, se opinaba sobre el sonido de la orquesta, se despotricaba contra franceses y portugeses que sabíamos no nos darían ni un voto, y se acaba reconociendo con resignación que la canción ganadora era más "pegadiza" que la nuestra, pero que si los "extranjeros" hubiesen podido comprender la letra, seguro que habríamos obtenido muchos más puntos. Y al final, cuando en nuestros viejos televisores aparecía de nuevo ese escudo, empezábamos a descontar el tiempo que restaba para la edición del siguiente año.

Les imagino enterados de lo que, este año, España va a presentar al certamen, así que les voy a ahorrar mi opinión. No sé muy bien por qué, pero me apena todo lo que está aconteciendo últimamente aquí, con este concurso. Y lo peor es que no sé si siento ese mal cuerpo por la dichosa canción en sí, o por lo que su elección significa: la constatación definitiva de que de aquel oscuro pero humilde país del que les hablaba, no quedan más que mis nostalgias.

Aunque para tristeza, humillación y vergüenza, nada comparable a la que todos sentimos cuando una jovencísima y descalza Remedios Amaya obtuvo, a mi juicio muy injustamente, cero puntos en la nefasta edición de 1983, celebrada en Munich. Y por cierto, "maestra", a mí también me gustaría saber la respuesta a su pregunta.

miércoles, 24 de octubre de 2007

¡Oh Capitán, mi Capitán!


No pretendo abogar por la introducción de la moda retro o vintage (que dicen ahora) en el mundo del fútbol. No, no se asusten, no me he convertido en un gurú de las tendencias.

No, el deportista de la imagen es mi padre. Matizo, era mi padre cuando contaba apenas veinticinco años. Ahora lucha por poder cumplir setenta y cinco.

Ruego que me disculpen, porque nunca pensé en utilizar este rinconcito para mis asuntos personales, que poco o nada les interesarán, imagino, pero el cuerpo me pide, hoy, compartir con ustedes este pequeño homenaje que le rindo a mi progenitor.

Hace un par de meses, oliéndome lo que se avecinaba, escribí una entrada, en mi espacio personal, muy similar a la que hoy les presento. Perdónenme este autoplagio pero, en este momento, necesito decirle, de nuevo, a mi padre y al mundo, que estoy con él, que le admiro y quiero, y que, por mucho deterioro que le cause la enfermedad, para mí, siempre será el de esa foto:

http://www.wikio.es