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1- No olviden que somos entrenadores de fútbol. Quizá les parezca una gran obviedad, pero no es menos cierto que en muchas ocasiones parece que no lo recordamos. Nos creemos preparadores físicos, psicólogos, nutricionistas o maestros, y por eso en nuestras tareas habitualmente incluimos aspectos demasiado relacionados con estas materias. Esto es un error en un doble sentido. Por un lado, podemos estar poniendo en riesgo a nuestros jugadores, ya que no contamos con la formación suficiente en esos campos, como para diseñar ejercicios correctos y de calidad. Y por otro lado, estaremos apartándonos de nuestra misión fundamental como entrenadores de fútbol, que no es otra que la de enseñar, justamente, este deporte. Es loable que intentemos dotar a nuestros jugadores de una buena condición física y psíquica, ya que pueden verse favorecidos como futbolistas; pero no debe pasar de ser un objetivo secundario a la hora de diseñar sesiones y entrenamientos. La única dirección aceptable en las tareas de un entrenador es aquélla que conduzca a sus jugadores y a su equipo a mejorar su nivel técnico-táctico.
2- Las tareas deben poder mejorar objetivos concretos. Este segundo punto es fundamental y debo explicárselo detalladamente. Cuando hablo de objetivos concretos, me refiero a qué deben buscar claramente un aspecto del juego que mejorar. No tengan miedo a concretar sus tareas. Si nuestros ejercicios son excesivamente ambiciosos en el número de objetivos, probablemente, fracasarán en todos ellos. Obviamente, una vez ha sido determinado, la tarea propuesta debe tener la capacidad de hacer progresar en ese aspecto a nuestro equipo.
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4- Las tareas deben adaptarse a la edad, nivel y circunstancias del equipo y de los jugadores que lo componen. Este punto creo que se comprende perfectamente. Una tarea puede ser útil para según qué clase de grupo de trabajo. No deben utilizarse ejercicios de adultos en niños, o avanzados en principiantes, etc, etc.
5- No tengan prisa. No busquen el éxito inmediato en los entrenamientos. Tengan paciencia, no se salten etapas. Permitan a los jugadores asimilar sus enseñanzas. Repetir no es sinónimo de aburrir. Si modifican detalles secundarios en las tareas o plantean ejercicios diferentes con objetivos comunes, divertirán más a sus jugadores y aprenderán antes.
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7- Las tareas deben ser sencillas. No me entiendan mal, no me estoy refiriendo a que los jugadores deban alcanzar fácilmente el éxito en los entrenamientos. De hecho, si fuera así, no serían útiles, ya que les estaríamos intentando enseñar algo que ya sabían. Lo que les quiero decir es que lo importante de una tarea es el objetivo futbolístico que pretende conseguir. Si el jugador está más pendiente de aspectos operativos secundarios de la tarea, como cuando le toca actuar, a que estación debe trasladarse, o de cumplir a rajatabla las numerosas premisas impuestas, etc, etc, difícilmente podrá estar en disposición de aprender lo que que nosotros realmente pretendemos. No queremos jugadores que consigan ejecutar las tareas de entrenamiento con precisión matemática; deseamos futbolistas que asimilen nuestra idea de fútbol de manera tal que la consigan trasladar del entrenamiento a la competición. Así que mejor no les compliquemos demasiado los aspectos formales de los ejercicios, y dejemos que se concentren en resolver e interiorizar los problemas y contenidos esenciales que subyacen en las tareas apropiadas.
8- Contextualicen los ejercicios. Los jugadores, tengan la edad que tengan, aprenderán mejor y a más a gusto, si comprenden qué sentido tiene la tarea que deben ejecutar. No digo que les informen de cómo resolverla, pero sí, que puedan conocer qué relación directa tiene con su modelo de juego, el ejercicio que les están proponiendo. El que un jugador sepa que la tarea a realizar imita, por ejemplo, la situación concreta de la salida del balón a través de los laterales cuando el equipo contrario juega con dos delanteros centros, le servirá de estímulo, y facilitará la transferencia de las experiencias obtenidas en el entrenamiento, al juego real. Y tampoco es necesario que se lo tengan que comunicar de palabra. Bastaría, si la mecánica y dirección del ejercicio es coherente, con elegir acertadamente la porción de campo en la que se desarrollará la tarea, así como la colocación concreta de sus participantes, para que la transferencia práctica esté casi garantizada.
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10- No hagan nada parecido a lo que muestran las fotografías de esta entrada. No se olviden los balones, y no quiero decir al finalizar la sesión. La pelota ha de estar presente SIEMPRE en cualquier tarea de entrenamiento. Todos los ejercicios han de tener un objetivo predominantemente táctico. Nada de ejercicios púramente físicos. Serán muy buenos para la salud, pero no entran dentro de nuestro negociado. No tengan parados a sus jugadores, eviten las filas, las estaciones, etc. Estamos entrenando a un equipo de fútbol, no a un ejército. Por último, si observan la cuarta fotografía, verán a unos futbolistas entrenado con balón. Aparentemente, sería correcto, ¿no?. Pues claro que no. No basta con crear tareas con pelota; éstas deben estar necesariamente relacionadas con el juego real. Incorporen porterías, rivales, y, sobre todo, permitan que el ejercicio se desarrolle en las dos direcciones. El fútbol es un juego de transiciones, y si las suprimen de sus tareas y sesiones, lo que hayan practicado no tendrá apenas nada que ver con lo que sucede en un partido real de competición.
Pues esto ha sido todo. Espero que hayan sacado alguna utilidad de todo esto que les he contado. Y como a mí también me gustaría aprender del profundo conocimiento del entrenamiento del fútbol que, a buen seguro, poseen ustedes, les ruego encarecidamente que se decidan a compartirlo, atreviéndose a dejar sus impresiones en la sección de esta entrada habilitada para sus comentarios.
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