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miércoles, 18 de junio de 2008

De fútbol y cambio climático

En la fotografía superior, la selección francesa de fútbol del año 1959. En la imagen siguiente, la misma esquadra nacional en el año 2005. Como pueden ver, los efectos del cambio climático sobre la piel de los jugadores galos han sido demoledores.


Vean ahora (más abajo), la fotografía del equipo que Francia ha presentado en la Eurocopa de 2008. Si nos fijamos bien, observamos que la cosa parece haber mejorado levemente. De algo tenía que servir el Oscar que ganó Al Gore, digo yo.


Pero claro, toda buena noticia tiene sus daños colaterales. ¿Qué formación, de estas tres, creen que fue la base del equipo que se proclamó campeón y subcampeón del mundo, y que, además, también obtuvo el título europeo?. Efectivamente, la segunda. Tanto la primera como esta última, no se comieron una rosca en sus respectivos torneos. Podríamos deducir entonces, que en vista de lo ocurrido en el país vecino, los avances medioambientales son inversamente proporcionales a los resultados futbolísticos.

Humm..., interesante reflexión. Creo que urge que en España aumentemos drásticamente la producción de plásticos y aerosoles, y que retomemos cuanto antes el consumo de gasolina súper.

Fuente: Ojodeorux, que tuvo la mala idea de enviarme un power point tonto, de ésos que circulan de correo en correo.

viernes, 18 de enero de 2008

Una verdad incómoda


Permítanme que plagie el título del controvertido documental de Al Gore sobre el cambio climático, pero es que viene pero que muy al caso.

No sé si recuerdan que todo el lío este del clima empezó con el descubrimiento del agujero de ozono en los polos, que se suponía había sido provocado, en gran medida, por el exagerado empleo de aerosoles, especialmente, en el mundo de la cosmética. De tal modo (todo sea por la salud de nuestro querido planeta), los consumidores tuvimos que ir sustituyendo nuestros peligrosos sprays, por barras, tubos u otros artilugios más respetuosos con nuestro delicado medio ambiente.

Y a este punto quería yo llegar; ¿hemos conseguido algo con ello?, ¿hemos evitado el tan temido cambio climático?. La respuesta es, obviamente, no. Porque mientras la casi totalidad de la energía que utilice nuestra industria continúe proviniendo de la combustión de materiales fósiles, todos estos pequeños gestos individuales del hombre de a pie no pasarán de la pura anécdota.

Y si esto es así, que creánme que lo es, se me ocurren algunas preguntas que todos nos deberíamos plantear:

-¿No les duele su dedo pulgar de tanto apretar pulsadores que carecen de la capacidad de poder ser hundidos?
-¿Tiene sentido perder la mitad de nuestra vida montando y desmontando botes de jabón o gomina sólo porque tengamos la mala costumbre de querer ir bien peinados y aseados?
-¿Fueron diseñados los tubos dispensadores para que los cosméticos circulasen por su interior o más bien para ser utilizados a modo de cuchara con la que poder pescar un poquillo de producto e ir saliendo del apuro?
-¿Qué demonios hacemos usando, todavía, en nuestra higiene diaria, este tipo de artefactos contenedores?

Y es que, señores, rindámonos a la evidencia, los dosificadores ecológicos NO funcionan.

Y esto sí que es una incuestionable verdad. Y sobre todo incómoda.

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