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sábado, 3 de mayo de 2008

Madres campeonas

Ahí la tienen, siempre risueña, dando de comer a su criatura. Y es que las madres siempre ven a sus pequeños como seres indefensos a los que deben cuidar y proteger. Y lo sorprendente es que tienen razón. Da igual que seas artista, presidiario o campeón del mundo de los pesos pesados como el protagonista de la foto. Los hijos (sobre todo los varones, presumo) siempre necesitamos la protección de nuestras progenitoras, y cuando por lo que sea ya no están con nosotros, las echamos tanto de menos que les escribimos canciones, les dedicamos nuestros triunfos, o aquéllos menos talentosos nos conformamos con tatuarnos un sentido motivo alegórico.

Pero volvamos a la fotografía que encabeza esta entrada. Como les dije, el agradecido comensal que sonríe a su madre es todo un campeón de boxeo. Sí, posiblemente, el pugilista más exitoso de todos los tiempos; el invencible Rocky Marciano. La historia deportiva de Rocco Francis Marchegiano, que con ese nombre fue bautizado al nacer (Brockton, 1923), es inmaculada. A pesar de ser de raza blanca y técnicamente muy limitado, consiguió ser el único boxeador de la historia, retirado como campeón del mundo y sin haber perdido una sola de sus peleas. Además, de los cuarenta y nueve combates disputados, venció por knockout en cuarenta y tres de ellos, lo que da buena muestra de la potencia de su pegada. Y si no me creen, vean los efectos de su demoledora mano derecha en el rostro del hasta ese momento campeón mundial Joe Walcott:

Sus detractores lo intentan deslegitimar acusándolo de haberse retirado pronto, de combatir poco, de haber hecho apenas media docena de defensas de su título mundial, y de pelear sólo contra boxeadores de medio pelo o leyendas venidas a menos. Y aunque tienen parte de razón, no es menos cierto que Marciano jamás rehuyó un combate, que ofreció la revancha a todo aquel que derrotó, y que si no lidió contra púgiles de más nivel fue únicamente porque no los había mejores en su época. Además, el hijo de esa buena madre era un encajador exquisito, un terrorífico pegador, y se presentaba a todas sus peleas en una forma física impecable. Y por todo ello, nadie consiguió batirle, ni nadie lo podrá hacer jamás, ya que desgraciadamente falleció en 1969 en un accidente de avioneta.

Para finalizar les dejo un video con un resumen del desenlace de su última pelea. Este combate lo disputó en 1955 contra Archie Moore, el campeón de los semipesados, que con 41 años consideró que era el momento oportuno para subir de categoría y pasar definitivamente a la historia del boxeo. Si quieren comprobar hasta que punto ésa no fue la mejor de las ideas del pobre Moore, deberían echarle un vistazo al video:



P.D: ¡Vaya!, me he entusiasmado tanto con esto del boxeo que creo que no ha quedado clara que la intención original de este post era la de evitarles el bochorno de que se les olvide la celebración del "Día de la madre". Avisados quedan.

lunes, 17 de marzo de 2008

Dieu réunit ceux qui s'aiment

"Dios reúne a los que se aman", es el esperanzador mensaje con el que termina la estupenda canción de Edith Piaf, L'hymne à l'amour". Y aunque sólo la veracidad o no de esa sentencia final, bastaría para publicar un blog entero, prefiero darla por buena, y así poder centrarme en lo que realmente tengo intención de escribir: una humilde reseña de la vida y milagros del mejor boxeador "europeo" de todos los tiempos, el caballero que acompaña a la mítica cantante en la imagen, el no menos célebre, Marcel Cerdan, destinatario, a su vez, de la letra de aquella hermosa canción.

La biografía del personaje no tiene desperdicio. De origen muy humilde, padre norteafricano y madre de ascendencia española, nació en Argelia, se crió en las calles de Casablanca, y murió convertido en un icono para toda Francia, y si me apuran, Europa entera.

A pesar de estar casado, Marcel vivió un romance casi oficial con Edith Piaf, que finalizó cuando a petición de ella, el boxeador tomó un vuelo (tuvo que anular su billete de barco) hacia Nueva York que, desgraciadamente, nunca llegó a poder reunirles. Tenía tan sólo 33 años, cuando esta tragedia aérea acabó, además de con una romántica historia de amor, recogida detalladamente en la película, "Edith et Marcel", con sus esperanzas de recuperar el trono de los pesos medios, que le había sido arrebatado por otro mito, Jack LaMotta (toro salvaje), debido, en parte, a una inoportuna lesión. Atrás quedaban 16 años de carrera pugilística con un balance de 119 victorias (61 por K.O.), y apenas 4 derrotas (2 descalificaciones, 1 a los puntos, y el abandono obligado contra LaMotta).

Pero como siempre sucede, aquella desgraciada noche de finales del mes de octubre del año 1949, también supuso el inicio del mito del demoledor "Bombardero marroquí", que tanto podía envíar a la lona de un zurdazo al reputado Tony Zale (en la imagen), como atravesar el frágil corazón del gorrión (the sparrow) francés, Edith Piaf, con una simple caricia.

Más información:
- Sitio oficial de Marcel Cerdan (en francés).
- La herencia de Marcel Cerdan (inglés)


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