Me cuesta entender lo que está sucediendo en el Partido Popular. Por una parte considero lógico que, tras perder sus segundas elecciones generales consecutivas, se vean obligados a soltar algo de lastre para ser más competitivos. Prescindir de dirigentes como Zaplana, Acebes y demás supervivientes de la época del PP en el gobierno, es bastante comprensible, aún reconociendo su polémica pero notable valía política. Lo que ya no veo tan normal es que el propio Mariano Rajoy no se autoincluya en esta lista, y pretenda seguir encabezando el partido conservador durante cuatro años más.
Y no digo que, en este país enfermo, ése no sea un buen método para regresar al poder, pero creo que resulta más honesto continuar en la oposición de por vida manteniéndose firme en unos principios irrenunciables, que traicionarlos a cuenta de una hipotética victoria electoral futura. Y es que mientras en este país siga existiendo un lugar como Euskadi, en el que algunos valientes han perdido su libertad e incluso su vida, por defender unos ideales particulares pero democráticos, me parece de una bajeza moral escandalosa que sus supuestos compañeros de partido prioricen la recuperación del gobierno de Madrid, sobre la preservación intacta de los principios por los que aquéllos otros se han venido sacrificando durante tantos años.