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lunes, 14 de abril de 2008

Sabor a sangre en la boca

Si se creen desgraciados y piensan que su vida es un sufrimiento, déjense de nimiedades y aprendan a reconocer el auténtico dolor escuchando el áspero cante por seguiriyas de Manuel Agujetas:


Nunca en mi vida
yo he pensado en aborrecerte,
pero siguiendo por ese camino
te aborrezco a muerte.

A la muerte yo estaba llamando,
y no quiere venir.
Hasta la muerte tiene compañera,
lástima de mí.

Apregonao me tienes
como a un mal ladrón,
y contra más causas a mi cuerpo le (eches),
más te quiero yo.

martes, 26 de febrero de 2008

La actualidad del tango

Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé...
(¡En el quinientos seis y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos, valores y dublé...

Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!
...¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador!
¡Todo es igual!¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro que un gran profesor!

No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura, colchonero,
rey de bastos, caradura o polizón!
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!¡Cualquiera es un ladrón!

Mezclao con Stavisky va Don Bosco y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache problemático y febril!...
El que no llora no mama y el que no afana es un gil!
¡Dale no más!¡Dale que va!
¡Que allá en el horno nos vamos a encontrar!
¡No pienses más, sentate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao!

Es lo mismo el que labura noche y día como un buey,
que el que vive de los otros, que el que mata,
que el que cura o está fuera de la ley...
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo todos manoseaos...

Enrique Santos "Discepolo", 1934

(Escuchar canción)

domingo, 2 de septiembre de 2007

Las cenizas del Espíritu Griego


No sé si creen en las casualidades, pero los incendios ocurridos este mes en Grecia coinciden con la decadencia del espíritu que, desde esas tierras, cimentaron nuestra cultura europea.
"Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegrías, ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes."

Esta frase, como toda la maravillosa obra de Hölderlin que me atrevo a usurpar, puede describir la única escapatoria de la realidad opresiva en que vivimos. Se dice que Hölderlin, quien pasó sus últimos años sumido en una esquizofrenia "inofensiva" acogido en la casa de un amable ebanista, dedicaba sus horas a tocar un piano desafinado y a escribir pequeños poemas e ideas en una mezcla de alemán, latín, griego..., como quien zozobra por haber recibido de los dioses más de lo que podía soportar. Alcemos nuestras copas y brindemos por aquellos que aún tienen fe en el ser humano.
¿Dónde está hoy la sensibilidad?. No en una sociedad tragicómica que construye héroes de futbolistas, muertos o vivos, como si fueran descubridores de continentes.
No en escritores que, como "la Regás", transformados en funcionarios, se convierten en esbirros de los partidos que les dan de comer, olvidando palabras como "Poesía" o "Educación".
Y menos encontramos la sensibilidad en el actual "culto al cuerpo" que practican determinados concursos de belleza y programas de tv, donde no se sabe qué da más asco, si la pose de los jueces o los lloriqueos y chorradas de las candidatas. Qué lejos queda el verdadero culto a la Belleza de nuestros queridos griegos ...
Menos mal que gracias al Hiperión de Hölderlin, siempre podremos huir, con la imaginación, a nuestro querido Hiperión de Saturno.
Para quien quiera leer esta obra en castellano, recomiendo la preciosa traducción de Jesús Munárriz.
Disfrútenla.

Autor de esta entrada: Julio Mourenza

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