Quisiera aprovechar estas entrañables fechas para comentarles un enigma que lleva intrigando a científicos de todo el mundo desde hace ya unos cuantos años. Se refiere al personaje que pueden ver en la foto y que no requiere mayor presentación. La paradoja que tanto desconcierta a los mencionados científicos está relacionada con los métodos de entrega de los regalos y, en especial, con sus inseparables renos. En efecto, ingenieros suecos, tras un laborioso estudio sobre el misterioso método de trabajo de este personaje, han estimado que el tiempo medio de reparto de juguetes disponible por niño es unos fugaces 34 microsegundos (34 millonésimas de segundo). Los cálculos se basan en que existen unos 2.500 millones de hogares en el mundo y que la distancia entre cada casa no supera los 20 metros. La estimación es incluso un tanto conservadora, ya que el estudio considera que el reparto comienza en el Asia Central, y no en el Polo Norte, sede permanente de sus oficinas centrales.
Resulta sorprendente que en este minúsculo espacio de tiempo, el personaje pueda descender del trineo, coger los regalos, subir al tejado, entrar por la chimenea, dejarlos al pie del árbol de Navidad y regresar de nuevo al trineo. Y todo ello manteniendo una velocidad media de 5.800 kilómetros por hora entre casa y casa. Tal vez sea ésta la explicación natural de por qué nunca hemos podido ver a Santa Claus, ya que ha pasado por nuestro hogar como una verdadera exhalación.
Pues bien, lo más sorprendente del hecho, lo que más intriga a los científicos, es que esa velocidad de 7,87 kilómetros por segundo, cargado con todos los regalos, harían que el trineo, los renos y el propio Santa Claus ardieran en menos que canta un gallo como resultado de la fricción con el aire. Ello ha hecho pensar a los expertos que tal vez el trineo esté dotado de placas protectoras contra el calor similares a los escudos térmicos para la reentrada en la atmósfera de las cápsulas espaciales tripuladas. Pero esto no encaja en los cálculos de los científicos porque supondría un importante peso extra y, por tanto, una carga excesiva para los renos.
¿Alguna idea que permita resolver la paradoja?
Pues bien, lo más sorprendente del hecho, lo que más intriga a los científicos, es que esa velocidad de 7,87 kilómetros por segundo, cargado con todos los regalos, harían que el trineo, los renos y el propio Santa Claus ardieran en menos que canta un gallo como resultado de la fricción con el aire. Ello ha hecho pensar a los expertos que tal vez el trineo esté dotado de placas protectoras contra el calor similares a los escudos térmicos para la reentrada en la atmósfera de las cápsulas espaciales tripuladas. Pero esto no encaja en los cálculos de los científicos porque supondría un importante peso extra y, por tanto, una carga excesiva para los renos.
¿Alguna idea que permita resolver la paradoja?
Ah, por cierto, ¡Feliz Navidad!
