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lunes, 8 de febrero de 2010

La tumba misteriosa (VIII)


En el monte de los olivos, sobre el lugar en el que, según San Lucas, lloró el Señor al ver la futura destrucción del Templo de Jerusalén, se alza hoy el santuario de Dominus Flevit, construido en 1891 por monjes franciscanos. En 1953, durante una reforma del monasterio, quedó al descubierto un cementerio de dos mil años de antigüedad. Bellarmino Bagatti, un arqueólogo muy conocido, excavó parcialmente la necrópolis, y tras estudiar los osarios, afirmó que pertenecían a los primeros seguidores de Jesús.

En esta red de tumbas hallaron los franciscanos una caja con huesos que llevaba la inscripción de uno de los primeros cristianos más famosos de todos los tiempos: “Simon Bar Jonah” (Simón, Hijo de Jonás). Hoy en día sólo se conserva un fragmento del osario, precisamente el trozo que contiene la inscripción, y yace en un pequeño museo franciscano situado en la Iglesia de la Flagelación, en la Vía Dolorosa.




Según los evangelios, Jesús llamó a Simón, uno de sus doce apóstoles originales, “Pedro” (Piedra), o “Kepha” en arameo, pues sobre él pensaba erigir su iglesia. De acuerdo con la tradición, Pedro viajó a Roma, donde fue crucificado un tiempo después. Sin embargo, nunca se han encontrado pruebas arqueológicas sólidas en Roma de la muerte de Simón, Hijo de Jonás. Por el contrario, el osario encontrado en Dominus Flevit lleva su nombre.

Y eso no es todo: en el mismo santuario de Dominus Flevit, en lo que constituye una de las primeras necrópolis de cristianos conocida, se encontró un osario con el siguiente símbolo (ver foto). ¿Les viene algo a la memoria?


La tumba misteriosa (VI)


En Jerusalén, en la quinta estación de la Vía Dolorosa, el vía crucis que recorrió Jesús con la cruz a cuestas, se puede leer la siguiente inscripción: “Simoni Cyrenaeo. Crux imponitur”. Fue allí donde, según los evangelios, se produjo el encuentro entre Simón el Cireneo y Jesús, cuando, tras haber tropezado y caído con la cruz, Simón, que había venido desde Cirene, ayudó al Nazareno a cargar con ella. Simón y su hijo Alejandro se encontraban entre los primeros seguidores de Jesús. Los expertos están de acuerdo en afirmar que su osario fue hallado en 1941, aunque, curiosamente, hoy descansa ignorado debajo de un estante en un almacén del departamento de arqueología de la Universidad Hebrea. Los nombres de Alejandro, hijo de Simón (Alexandros Simonos), y Simón aparecen labrados en caras opuestas de dicho osario, sugiriendo que los restos de ambos personajes, hijo y padre, fueron depositados en su interior. En la tapa puede leerse “Cirene”, región de la Libia moderna.


Pero ahora viene lo bueno: ¿saben qué marca se encontró en dicho osario? Vean la siguiente foto y díganme si no les recuerda algo. ¿Se han fijado en ese símbolo con forma de V invertida o Chevrón? ¿No les recuerda al icono que aparece en la entrada de la tumba de Talpiot? ¿Podría el Chevrón ser uno de los primeros símbolos empleados por los seguidores de Jesús?


Lamentablemente no existen apenas pruebas arqueológicas de los primeros cristianos hasta el siglo IV, cuando el emperador romano Constantino el Grande, por medio del Concilio de Nicea (año 325), legalizó el cristianismo. Ello propició que un movimiento, hasta entonces clandestino, pasara a ser aceptado por la sociedad civil.

Pero resulta difícil de creer que el cristianismo, que había sobrevivido a trescientos años de persecuciones para, a continuación, invadir todo el imperio romano, no hubiera dejado pruebas arqueológicas de su existencia antes de su legalización.

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