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viernes, 12 de febrero de 2010

La tumba misteriosa (XIV)


Con este capítulo finalizamos la apasionante saga del misterio de la tumba de Talpiot. Conocí esta historia durante la semana santa del 2009, cuando, a continuación de la película “La pasión de Cristo”, Antena 3 TV emitió un documental titulado “La tumba perdida de Jesús”. El documental, producido por James Cameron, -el conocido director de Avatar, Titanic o Terminator, entre otras películas de éxito- contaba la historia que les he narrado en los anteriores capítulos.

Me sorprendió no haber oído nada sobre el asunto hasta ese momento. Incluso hoy, después de todo el tiempo transcurrido y los estudios realizados desde el descubrimiento de la tumba en 1980, la historia sigue siendo en gran parte desconocida por el público. ¿Cómo puede ser que la noticia no haya tenido una mayor repercusión en el mundo cristiano? Una de las razones podemos encontrarla en la forma en que fue descubierta: los osarios y los nombres grabados en las inscripciones eran comunes en el siglo I, así que inicialmente pasaron bastante desapercibidos. Por otra parte sigue existiendo una fuerte controversia acerca de si las evidencias son lo suficientemente sólidas como para justificar la afirmación de que la tumba es la del Jesús de la Biblia. Si el lector realiza una búsqueda en la web sobre la tumba encontrará abundante información, tanto a favor de la tesis como en su contra.

En este sentido parece existir entre los expertos una curiosa dicotomía: la mayoría acepta las evidencias arqueológicas relativas a personajes bíblicos contemporáneos de Jesús, como Simón el Cireneo y su hijo Alejandro, o del sumo sacerdote Caifás, -cuyos osarios los expertos afirman haber hallado-, pero son reacios a admitir esas mismas pruebas cuando se trata de Jesús y su familia.

En todo caso, si se demostrase que la de Talpiot es la tumba familiar de Jesús, se trataría de la primera evidencia arqueológica tangible y directa del fundador del cristianismo y su familia. Una familia que incluiría a su madre, María, un Mateo, dos hermanos de nombres José y Santiago, probablemente a una esposa llamada "Mariamne" (¿María Magdalena?) y a un hijo de ambos llamado Judas.

Les invito a que vean pausadamente esa película, a modo de resumen de todo lo que hemos escrito en este blog. También les animo a que consulten los siguientes enlaces que, a buen seguro, les permitirán profundizar en los hechos un poco más. Espero que les haya gustado y que, como a mí, les haya parecido fascinante.
El documental, La tumba perdida de Jesús:


jueves, 11 de febrero de 2010

La tumba misteriosa (XII)


Mas no terminan aquí las sorpresas de la tumba de Talpiot. Cuando, años después de su descubrimiento, el Dr. Shimon Gibson, arqueólogo del Instituto Albright de Jerusalén, estudia el plano original de la tumba de 1980 y lo coteja con los osarios en poder de la Autoridad Israelí de Antigüedades, detecta una discrepancia: el plano indica que en la tumba se hallaron diez osarios, pero en los almacenes de la Autoridad Israelí de Antigüedades sólo figuran nueve. Uno de los osarios de Talpiot se perdió de algún modo y en alguna parte… sin ni siquiera haber sido catalogado ni fotografiado.

Pero en octubre de 2002 apareció un osario de piedra del s. I de una colección privada. Llevaba la inscripción “Ya’akov Bar Yoshef Akhui di Yehshúah” (Santiago, Hijo de José, Hermano de Jesús). El propietario era Oded Golan, un famoso coleccionista privado, quien dijo haber comprado el osario décadas atrás a un comerciante de antigüedades árabe en la ciudad vieja de Jerusalén. Golan dijo no haber sido consciente, en el momento de la compra, de la importancia del osario, ni siquiera de que el Jesús bíblico tenía un hermano.


Este importante hallazgo se vio pronto rodeado por la polémica. La procedencia era turbia (Golan no recordaba el nombre del comerciante de antigüedades al que había comprado el osario), y la inscripción dudosa. En 2003, la Autoridad Israelí de Antigüedades declaró que el osario en sí era una pieza auténtica del s. I, pero que parte de la inscripción (la que reza “Hermano de Jesús”) era una falsificación. Sin embargo, el hallazgo entraba en conflicto con otros estudios realizados por el Museo Real de Ontario, en Toronto, y el Estudio Geológico de Israel, para quienes la inscripción era auténtica. En 2006, el Profesor Wolfgang E. Krumbein, de la Universidad Oldenburg de Alemania, una eminencia mundial en el estudio de pátinas acumuladas en piedra, declaró que la inscripción era auténtica, y explicó que la lectura de isótopos que realizó la Autoridad Israelí de Antigüedades y que la indujo a afirmar que dicha inscripción se trataba de una falsificación, se debía casi con total probabilidad al hecho de que la escritura había sido limpiada, más que falsificada, por un vendedor de antigüedades excesivamente aplicado. En todo caso, no existe controversia alguna con la primera parte de la inscripción, la que reza “Santiago, Hijo de José”.

¿Pero quién era este personaje? Después de la muerte de Jesús, su hermano Jacob o, lo que es lo mismo, Santiago, continuó su ministerio y congregó a bastantes seguidores. Las escrituras cristianas nos dicen que fue muy respetado tanto por los primeros cristianos como por los judíos fariseos, y en el s. I, el historiador judío Flavio Josefo dedica más tiempo a Jacob que a Jesús. Pero al igual que su hermano Jesús, el miedo a su popularidad e influencia religiosas lo llevaron a la muerte. El sumo sacerdote Anás lo condenó a ser lapidado en Jerusalén, en lo que se consideró un acto de asesinato judicial. Los numerosos relatos de la vida de Jacob muestran a un cristiano de tal importancia que, de haber sido posible, habría sido enterrado al lado de Jesús.

Un estudioso vio la colección de Golan en 2002 y sugirió que el osario podría pertenecer a la familia de Jesús, iniciándose así una polémica ya famosa. ¿Podría tratarse del osario perdido de la tumba de Talpiot?

Para contestar a esta pregunta, científicos del Laboratorio Criminal del condado de Suffolk, Nueva York, estudiaron la pátina del osario, esto es, la composición mineralógica de los sedimentos acumulados por el osario durante los siglos de estancia en la tumba, y la compararon con la del resto de los osarios de Talpiot. Encontraron que la pátina del osario de Jacob concordaba con los restantes de la tumba de Talpiot y, lo que es más importante, no encajaba con ninguna de las pátinas de otros osarios procedentes de otras tumbas diferentes elegidas al azar. El resultado corrobora que el osario de Jacob es el décimo osario de la tumba de Talpiot. El impacto de este descubrimiento, al incluir la inscripción de este último osario en el estudio estadístico al que nos referíamos en el capítulo anterior, reduce la probabilidad de que dichos nombres aparezcan juntos por azar a una entre 30.000.

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