domingo, 21 de octubre de 2007

Ocho muertes

Si han leído este blog, últimamente, se habrán dado cuenta de que la cosa esta de que la gente se muere está más que presente. El repentino fallecimiento del periodista Juan Antonio Cebrián, junto a la proxima celebración de la festividad de difuntos me ha empujado a dedicar una entrada a este escabroso tema.

Debemos reconocer que la muerte es la gran protagonista de nuestras vidas, por paradójico que pueda resultar. Es curioso, que siendo el único acontecimiento del que podemos estar seguros que se producirá, tendamos a ignorarlo y evitemos hablar sobre ello.
Se calcula que, a lo largo de la historia y hasta ahora, habrán dejado de existir (observen el eufemismo) unos cien mil millones de personas, pero, lejos de acostumbrarnos, a medida que el ser humano evoluciona y aumenta su esperanza de vida, peor entendemos el fenómeno de nuestra desaparición (segundo eufemismo).

Yo, intento asumir con normalidad que, probablemente, contemplaré la defunción (tercer) de muchos de mis seres queridos, y, sin margen de error, la mía propia, por lo que, en muchas ocasiones me he preguntado cómo me gustaría que fuera.
Aunque, quizá, les extrañe, preferiría fallecer (cuarto) de una enfermedad larga. No digo que quiera sufrir, pero sí, que no me gustaría perder la vida (y van cinco) de manera repentina. Contrariamente al deseo de muchos, que estarían encantados con pasar a mejor vida (sexto) de manera instántánea, tipo infarto, accidente o asesinato, por miedo al dolor, creo que es mucho mejor ser consciente del proceso; vivir este acontecimiento (esto sí que es una buena paradoja) tiene que ser la perfecta culminación a una existencia plena.

Y, otro detalle muy importante que no quiero que falte en mi agonía es que, y aunque, en las sociedades occidentales, casi el ochenta por ciento de los óbitos (séptimo) se producen en los hospitales, mi deseo es que tenga lugar en mi casa, en mi cama y rodeado de los míos, para compartir con la gente que quiero esos momentos tan delicados (y ocho), como dicen los anuncios cursis de las empresas de pompas fúnebres.

Bueno, les confieso que me está entrando cierta angustia, al escribir esta entrada. Así, que la interrumpo aquí, un tanto precipitadamente. Discúlpenme, tenía intención de, a continuación, recomendarles algunos enlaces interesantes, pero esta maldita ansiedad me lo impide. Ya saben, busquen en Google, no me sean vagos y hagan algo por si mismos, que la vida es breve y hay que aprovecharla por uno mismo.

En fin, que ustedes se mueran bien. Yo, ya lo estoy haciendo.

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