martes, 9 de febrero de 2010

La tumba misteriosa (IX)


En 1980 los arqueólogos habían ya clasificado y catalogado cuatro osarios de la tumba de Talpiot con las inscripciones “Yehshúah Bar Yoshef” (Jesús, Hijo de José), “Mariah” versión latinizada de Miriam, “Matthiyah” o Mateo, y “Yosha”, un raro diminutivo de José. En un quinto osario encontraron la inscripción en griego “Mariamne e Mara” (Mariamne, la Maestra). “Mariamne” se tradujo como una forma poco frecuente de “Miriam”, pero, ¿tendría sentido encontrar dos Marías en la tumba de Jesús?



La Biblia nos habla de una María de Magdala, o María Magdalena, y nos la presenta con un nombre y un título. Magdala era un centro comercial importante en la región del mar de Galilea, donde se hablaba griego, además de arameo. La tradición cristiana sugiere que María Magdalena y su hermano Felipe predicaban a los judíos de habla griega y es, por tanto, plausible que su familia y seguidores escribieran su nombre en griego. Curiosamente, de todos los osarios hallados en la tumba de Talpiot, el de Mariamne es el único con una inscripción en griego. ¿Podría tratarse de la misma persona?

Una de las historias más famosas asociadas con María Magdalena se encuentra en el evangelio de San Juan, donde Jesús impide la lapidación de una mujer condenada por adulterio. Pero en el texto bíblico no hay nada que permita identificar a la mujer, cuyo nombre se omite, con María Magdalena. Es una tradición cristiana posterior la que relaciona a ambas mujeres, al igual que relaciona también a la Magdalena con otra mujer cuyo nombre no se proporciona en el evangelio de San Lucas. En dicho pasaje, una pecadora unge los pies de Jesús y los seca con su cabello.

En la actualidad los estudiosos creen que María Magdalena y las dos mujeres no nombradas en los evangelios de San Juan y San Lucas son mujeres distintas. La tradición de vincular a la Magdalena con esas pecadoras se remonta a un giro de la iglesia en los últimos siglos, cuando se excluyó a las mujeres de ser consagradas como líderes religiosos. Anteriormente sí se ordenaba a las mujeres y María Magdalena era muy respetada como misionera en muchos escritos de los primeros cristianos. Algunos expertos creen incluso que el hecho de pasar a ser tan denostada en épocas posteriores es la mejor prueba de la enorme importancia que tuvo como discípula y seguidora de Jesús. El fuerte liderazgo de María Magdalena se vería cada vez con más recelo en una iglesia dominada por hombres. Por eso, a partir del s. II, cuando los padres de la Iglesia comenzaron a suprimir los primeros escritos cristianos por docenas, la Iglesia rechazó dos textos que mostraban una gran estima por María Magdalena: el evangelio de María Magdalena y un texto que describía el ministerio de su hermano, el evangelio de Felipe. Durante siglos sólo quedaron fragmentos de esos textos, y muchas partes se consideran perdidas para siempre.

Pero en 1974, en el monasterio de Xenophontos, en el monte Athos (Grecia), un profesor de la Universidad de Harvard descubrió un manuscrito de 700 años de antigüedad: se trataba de la copia más completa jamás encontrada del evangelio de Felipe, un texto del s. IV. Según su descubridor, dicho texto proporciona una descripción temprana de María Magdalena, no adulterada por la tradición cristiana posterior. En dicha obra María Magdalena aparece como una misionera de Jesús, al mismo nivel que el resto de los discípulos: predica, enseña, bautiza, y hasta lleva el título de apóstol. De ser así, el alias de “Mara” encontrado en el osario de “Mariamne” podría deberse a un hecho extraordinario: “Mara”, en arameo, significa “Maestra”, lo cual concordaría con el papel que desempeñaba María Magdalena entre sus discípulos de acuerdo con el evangelio de Felipe.

Pero, aquí viene lo mejor: ¿saben cómo se menciona a María Magdalena en el evangelio de Felipe? En efecto, “Mariamne”. Podría tratarse de una casualidad, por supuesto, pero el de Talpiot es el único de todos los osarios jamás encontrados, tanto antes como después de esa fecha, con esa inscripción en griego.

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