martes, 8 de abril de 2008

Dos claros de luna

Poco o nada pretendo que lean en la entrada de hoy. Eso sí, abran bien sus oídos, porque les aseguro que valdrá la pena. Por cierto, bonita imagen, ¿no creen?. Pues cierren los ojos y sueñen que se encuentran en ese maravilloso paraje acompañados de su persona amada. No me es difícil imaginarles abrazados sobre la cubierta de un velero tranquilamente mecido por las aguas de la bahía, mientras una suave luz acaricia el hermoso rostro de su acompañante. "Nada podría mejorar este momento", se dicen a sí mismos.


Pues no saben qué equivocados están. ¿Para qué creen que se ha molestado Ludwig Van Beethoven en acudir a su romántica velada?. Háganme el favor de pinchar en el reproductor que he situado bajo el busto del célebre compositor, cerrar de nuevo los ojos, y regresar a donde lo habíamos dejado antes: la tranquila bahía, la luz de la luna y las tiernas caricias, que ahora son completadas por la maravillosa música de Beethoven. "Nada podría mejorar este momento", se vuelven a decir a sí mismos.


Y casi tendrán razón esta vez, porque lo único que se podría comparar con aquel claro de luna sería... ¡otro claro de luna!. Y no parece un acontecimiento nada probable. Aunque no sé por qué me da que el maestro "Claude Debussy" ha venido aquí para algo.

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