sábado, 15 de septiembre de 2007

Histeria en el Northern Rock


Me he vuelto a quedar dormido con la radio encendida. Resulta gracioso como lo que suena en el transistor se va mezclando con los propios sueños, para crear un especie de onírica realidad, en la que es difícil discernir el elemento veraz, del inventado.

Pues, esta mañana, me he levantado con la noticia en la cabeza, de que, en un festival de música rock, se había producido un fenómeno de histeria colectiva con gravísimas consecuencias. Así que, tras la indispensable ducha, me puse, con una mano, a buscar más información en el portátil, mientras con la otra, mojaba una galleta en la taza de café.

Cuando acabé de desayunarme, seguía sin encontrar nada relativo a la citada masacre en un concierto de rock. "Lo habré soñado", pensé, en parte, aliviado, y, en parte, decepcionado, no me pregunten por qué. "Mejor será que me vaya a vestir", pensé, tras echar un vistazo al reloj de la cocina.

Así lo hice y, por una vez, llegué al trabajo puntual.

-¡Qué milagro!, tú, tan pronto por aquí- me dijo sonríendo, mi compañera de oficina -¿No habrás madrugado para ir al banco?- me preguntó sin borrar la mueca burlona de su rostro.
-¿Al banco?, no, además, ¿por qué tendría que haber ido al banco?- repliqué, extrañado.
-No, por nada, como tienes hipoteca, pensé que te habrías asustado con lo del Northern Rock.

Y es que, como el clásico puso en boca de Segismundo:

¿Qué es la vida?, Un frenesí.
¿Qué es la vida?, Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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