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lunes 22 de junio de 2009

La historia del peor equipo de fútbol alevín de todos los tiempos

Qué mejor que leer un divertido libro para refrescar estos asfixiantes y primerizos días de verano. Así que para dar ejemplo, ayer me bajé a la playa la primera novela del irreverente escritor (y blogger) escocés Alan Black, titulada "Kick the balls" o en cristiano, "patead los balones" (o las pelotas, pues va con doble sentido). No pude haber elegido mejor, creánme. No vean las risotadas que me eché durante la arenosa lectura de sus doscientas cincuenta y pico páginas.

El libro cuenta la historia del propio autor, un atormentado escocés emigrado a California, y que tras unos años viviendo en el centro de San Francisco, se muda a un barrio residencial en las afueras de la ciudad. Para integrarse en su nueva vecindad, Alan decide convertirse en el segundo entrenador del equipo de fútbol alevín de su barriada, los Dragones, equipo formado por jugadores tan destacados, entre otros, como "el niño que se podía llamar, o no, Ashley", Sam, también conocido como "el atontado que necesita pilas nuevas", o Jonathan, alias "la planta en una maceta". Naturalmente, el equipo es un desastre, y lo mismo sucede con el proceso adaptativo del rudo y básico entrenador Black a la esnob sociedad suburbanita americana. Ello da lugar a un sinfín de situaciones divertidas en las que el autor compara satíricamente exagerados episodios futbolísticos de su azarosa infancia en el país de las gaitas, con la superprotectora atmósfera en la que desarrollan sus primeros contactos con el mundo del fútbol (y con el real) los niños de la actual generación.


La verdad es que no es difícil sentirse identificado con lo que el autor cuenta. Cualquiera de ustedes que haya sobrepasado la treintena, y que haya practicado fútbol en sus años mozos, seguro que reconocerán muchas de las situaciones que se nos narran. Y, si como el segundo entrenador Black, y yo mismo, continúan ligados al fútbol base, ya ni les cuento.

Lo único malo que le encontré a esta novela es que sólo está disponible en inglés, creo. Pero bueno, nada que no se pueda solucionar teniendo a mano una buena edición del "Collins". Y si ustedes ya no necesitan de diccionarios, harían bien en escuchar este hilarante episodio del libro que encontré en la red social literaria dublit.com, titulado "The german helmet haircut", en el que el autor nos cuenta sus desventuras con un peluquero de su infancia en Escocia, especialista en cortes de pelo a lo nazi. ¿Verdad que les suena?



domingo 14 de junio de 2009

¿Por qué silban a Matthew Booth?

Este es el once titular de la selección sudafricana de fútbol, los "Bafana, Bafana", anfitriones del la competición Confecup que se disputa este mes de junio. Pues bien, en esta formación hay un jugador que cada vez que participa en el juego recibe un sonoro abucheo por parte de los propios aficionados sudafricanos. Fíjense bien en la imagen de la formación africana, y a ver si deducen de quién se trata.

Si han elegido a este simpático futbolista (el primero de la fila superior empezando por nuestra derecha, según miran la foto de cabecera) que se divierte como un crío jugando con ese gigantesco peluche, han acertado de pleno. Matthew Booth, que así se llama nuestro protagonista, sorprendentemente, no es para nada del agrado de los coloristas seguidores del equipo sudafricano, que demuestran sonoramente su descontento cada vez que el pobre Booth toca el balón. Les reconozco que ignoro el motivo por el que tienen ese comportamiento. No soy un experto en la liga sudafricana, así que no puedo saber a ciencia cierta si ha sido motivado por alguna rencilla pasada entre equipos rivales locales. Pero de no ser así, la única explicación que le encuentro es que, de la misma manera que han hecho aquéllos de ustedes que hayan acertado mi "inocente" pregunta, la afición sudafricana, formada casi integramente por "supporters" de raza negra que habrán padecido la xenofobia y el racismo en la época del apartheid, también discrimina...a los individuos calvos y altos. ¿O qué se creían que iba a decir, mal pensados?.

Edito: Según me cuentan en los comentarios, la gente no abucheaba a su propio jugador; simplemente, y para animarlo, coreaban su apellido "Booth" (se pronuncia "buuuz", de ahí mi confusión, ya que entendí "buuuuuuh"). De este lamentable error sacó tres consecuencias importantes: primero, que debo mejorar mi conocimiento del inglés. Segundo, que no hay que ser tan susceptible. Y tercero, que no lo sabía, pero soy un maldito racista. Y como penitencia y para que no vuelva a olvidarme de lo que soy, no pienso borrar esta entrada, por mucha vergüenza que me dé.

viernes 5 de junio de 2009

El bautismo civil

Me acabo de enterar de que estos días se ha celebrado en Madrid un original bautizo no religioso. Según cuentan, es el primer bautismo civil que se efectúa en la capital de España, y el cuarto en la totalidad del país. Aunque ya se imaginarán que no ha sido propiamente un bautizo al uso, puesto que esto de la laicidad parece que no acaba de casar demasiado bien con el tradicional sacramento iniciático católico. Para ser exactos (o cursis, según se vea), lo que se desarrolló en las orillas del Manzanares fue, según la terminología políticamente correcta, una ceremonia civil de bienvenida a la ciudadanía de un pobre crío que no tiene culpa alguna de tener unos padres así de snobs.

Venga, juguemos a las adivinanzas. ¿Quiénes se piensan que fueron los promotores y participantes en esta pantomima?. A ver, empiezo yo. Hummm, yo diría que esto ha tenido que ser cosa de progres millonarios y subvencionados. Sólo ellos tienen el suficiente dinero y tiempo libre para pensar y ejecutar este tipo de gilipolleces. Sí, los padres tienen que ser actores. Y de los de la ceja, claro. ¿Los testigos e invitados?. Otros miembros de la farándula, a buen seguro. Ya saben, cantantes, humoristas y gente así de productiva y trabajadora. ¿Y el "cura"?. Buff, esto le va como anillo al dedo al alcalde Gallardón. O casi mejor a Pedro Zerolo, no sea que la presencia como invitado de Boris Izaguirre no baste para cumplir con la obligatoria cuota gay de todo evento progresista que se precie. Además, es tan mono el "Zerolito". Y no me pregunten si es el de la camiseta de Coca Cola, no sean malos, que de sobra es sabido que los políticos socialistas son más de Pepsi, que aparenta menos imperialista.

¿Y el sermón?. Pues nada, supongo que algún artículo rimbombante de la constitución (de la republicana, puestos a elegir) o de la carta de la ONU aderezado con frasecillas rimadas de algún literato de su cuerda recientemente fallecido. Podrían ser de Saramago. ¡Huy no!, que dicen que sigue vivo. ¡Ya está!, de Benedetti, que además de acabar de palmarla, era sudamericano, y resulta más solidario con las minorías. Aunque para solidaria, la mariscada que se habrán zampado los invitados después de la ceremonia. Sí, parece ser que se confirma que todos los crustáceos fueron servidos por camareros tan hispanoamericanos como el malogrado poeta uruguayo. Bueno, esto último quizá sea algo exagerado, aunque no me jugaría una pata de gamba en contra de la veracidad de lo que les acabo de relatar.

Pues nada, ya están hechas todas mis cábalas. Ahora les toca a ustedes. A ver quién acierta más. Las soluciones, aquí. ¡Ah!, y en unos añitos les contaré más, que el niñito tendrá que hacer la comunión civil, que viene a ser como la católica pero con corazoncitos de gominola en vez de hostias, que por aquí son todos muy pacifistas. ¡País!