viernes, 20 de junio de 2008

Mujeres que leen

Así las pintó Henri Matisse a comienzos del siglo pasado. Su aspecto es tan inocente que el artista francés optó por inmortalizarlas en la figura de una cándida niña. Pero tengan cuidado, este tipo de mujeres aficionadas a la lectura son, probablemente, la clase de fémina que más daño puede causar entre los varones. He oído dolorosas historias de hombres convertidos en espectros, en sombras de lo que fueron, sólo por haber cometido el error de enamorarse perdidamente de una de estas mujeres fatales. Tengan mucho cuidado, y estén siempre alerta, porque las pérfidas lectoras se encuentran por todas partes. No es raro verlas en los arenales de las playas, en las terrazas de las cafeterías, en los bancos de los parques e incluso ahora, se dejan caer también por los lugares más insospechados de la red.

Ayer mismo me topé con una de ellas de camino al trabajo. Apenas había amanecido, pero allí estaba ella, tan interesante y atractiva, sentada en una escalera, mientras pasaba delicádamente las hojas de un misterioso libro lleno de coloridos retratos. Y no sé por qué, pero cuanto más me aproximaba a ella, más me parecía estar ante una versión actual de aquellas sirenas de las que nos hablaban las leyendas clásicas. Afortunadamente no escuché su canto, y tras vencer la fuerte tentación de cruzarme con su hermosa mirada, pude continuar con mi habitual camino. Horas más tarde, cuando finalicé mi jornada y regresé al hogar, no quedaba nadie ya sobre aquella escalera, sólo un pequeño libro, abandonado junto a la barandilla. Me acerqué a recogerlo, pensando que quizá fuese el que leía la misteriosa mujer de esa mañana. Lo abrí apresuradamente, y en su primera página, alguien había escrito: "Sólo para mujeres. No leer". Yo, por supuesto, hice lo contrario. ¿Y ustedes?.

"Las mujeres que leen son peligrosas", Stefan Bollmann.

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